La caída de los bonos soberanos en dólares llevó nuevamente sus rendimientos a niveles de dos dígitos, una situación que parecía haber quedado atrás. En este escenario, algunas entidades financieras comenzaron a considerar que los precios actuales podrían representar una oportunidad para posicionarse en deuda argentina.
El argumento se apoya en distintos factores. Entre ellos aparecen el mantenimiento del superávit fiscal, la acumulación de reservas en dólares por parte del Banco Central y el tiempo que todavía resta hasta las próximas elecciones. Desde esta perspectiva, la baja reciente de los bonos podría ser aprovechada por inversores con un horizonte de largo plazo.
Otra alternativa planteada dentro del mercado es reducir la exposición a los bonos soberanos y trasladar parte de las inversiones hacia deuda emitida por provincias. Esta opción contempla títulos de jurisdicciones como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Neuquén y Santa Fe, que presentan rendimientos considerados atractivos dentro del mercado local.
La mejora del riesgo país durante la primera parte del año había estado acompañada por avances en la calificación crediticia de Argentina por parte de las principales agencias internacionales. Entre los argumentos utilizados para respaldar esa mejora se encontraba la compra de dólares realizada por el Banco Central, que durante el año superó los US$13.700 millones.
El escenario comenzó a modificarse a partir de nuevas señales vinculadas con el contexto político. Distintas encuestas mostraron una disminución del respaldo al Gobierno y aumentaron las dudas sobre el resultado de las próximas elecciones.
A mediados de julio, el riesgo país había quedado cerca de perforar los 400 puntos básicos. Sin embargo, durante esta semana volvió a superar los 500 puntos, lo que reavivó las diferencias entre quienes consideran que el deterioro puede continuar y quienes interpretan la caída de los bonos como una oportunidad de compra.
El mercado también comenzó a incorporar otros factores internos, entre ellos la debilidad de la actividad económica, la persistencia de la inflación, las dudas sobre el esquema monetario y cambiario y una mayor atención sobre el escenario político de cara a 2027.
La caída de los bonos argentinos fue además más pronunciada que la registrada por los mercados emergentes en general. Esta diferencia indica que, además de las condiciones internacionales, los factores internos tienen un peso significativo en la evolución de los activos argentinos.
El contexto externo tampoco resulta favorable. Los mercados financieros internacionales se vieron afectados por el incremento de las tasas de interés en Estados Unidos. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años superó el 5,3% anual y llegó a 5,34%, su nivel más elevado desde 2007.
Ante el aumento de las tasas largas, el secretario del Tesoro de Estados Unidos anunció una ampliación del programa de recompra de bonos, que pasará de US$2.000 millones a US$4.000 millones por licitación.
Las operaciones se concentrarán principalmente en títulos con vencimientos de entre 10 y 30 años y se desarrollarán entre septiembre y comienzos de noviembre. El objetivo es mejorar la liquidez del mercado y reducir la presión sobre las tasas de largo plazo.
El nivel de las tasas estadounidenses tiene un impacto directo sobre los mercados emergentes. Cuando aumenta el rendimiento de los activos considerados de menor riesgo, también se eleva el retorno que deben ofrecer los bonos de países emergentes para resultar atractivos frente a esas alternativas.
En el caso argentino, este escenario puede traducirse en una mayor exigencia de rendimiento para la deuda soberana y, por lo tanto, en una ampliación de los diferenciales de riesgo frente a los bonos considerados de referencia.










