Los datos son elocuentes. Entre enero y julio de 2026, el Banco Central de la República Argentina adquirió en el mercado cambiario más de 2000 millones de dólares mensuales en promedio, logrando picos de 2770 millones en abril y 2601 en mayo, momentos en los que absorbió casi toda la liquidación del sector agropecuario. En junio, sobrepasó la meta anual de 10.000 millones de dólares acordada con el Fondo Monetario Internacional, y a fines de septiembre acumulaba 14.327 millones de dólares en el año. En julio, la entidad compraba 103 millones de dólares diarios.
No es que existan carencias de dólares. Durante septiembre, el sector agro liquidó a un ritmo histórico para un mes sin incentivos, en torno a 170 millones de dólares por día, y las empresas continuaron emitiendo deuda en el exterior. La variación radica en quién se queda con esos dólares. En julio, los individuos adquirieron 3319 millones de dólares en billetes, el máximo del año, y en agosto, retiraron más de 3300 millones de dólares de los bancos.
Ante esta demanda, el Banco Central optó por priorizar la estabilidad del tipo de cambio y las tasas en pesos, en lugar de seguir acumulando reservas. Esta decisión resulta comprensible con las elecciones de 2027 en el horizonte, aunque conlleva un costo, que se traduce en el precio de los bonos.
Es justo considerar el balance del año. Las reservas brutas aumentaron de 39.000 millones de dólares en abril de 2025 a casi 50.000 millones, mientras que las reservas netas, que eran negativas en 13.000 millones de dólares, ahora son positivas en alrededor de 7000 millones de dólares, según estimaciones privadas, marcando el mejor nivel desde 2021. Este stock acumulado actúa como un colchón real. Sin embargo, el mercado no evalúa lo que ya ha entrado, sino lo que está por venir.
Para comprender lo que se avecina, resulta útil observar a los países vecinos. Según un informe reciente de Fundación Capital, Argentina posee reservas equivalentes al 7% de su PBI. En comparación, Chile cuenta con un 13%, Brasil con un 14%, Uruguay con un 20% y Perú con un 25%. Cuando las tasas de interés en Estados Unidos aumentan, todos los mercados emergentes sufren, pero aquellos con reservas abundantes pueden soportar el impacto mejor que los que no las tienen, quienes deben enfrentar mayores sobretasas.
Por esta razón, Uruguay se financia con 68 puntos de riesgo país, Chile con 91, Perú con 107, Brasil con 166 y Argentina con más de 600. Cuando el Banco Central compraba 2000 millones de dólares mensuales, el mercado tenía la expectativa de que esta brecha se reduciría. Sin embargo, al interrumpirse estas compras, esa expectativa se desvaneció.
De cara a octubre, la atención se centra en la cantidad de dólares que el Banco Central adquiere diariamente. Si regresa a los 50 millones de dólares al día, el mercado lo notará rápidamente. No obstante, si se mantiene entre 15 o 20 millones, será difícil que el riesgo país vuelva a situarse en la zona de 400 puntos antes de que finalice el año, y cada punto de sobretasa actual se traducirá en más reservas que se deberán utilizar en 2027 para hacer frente a los vencimientos.










