La compañía considera que avanzar hacia una regulación moderna, con normas claras para la protección de la propiedad intelectual y en línea con el convenio UPOV-91, será un elemento clave para acelerar la llegada de nuevas tecnologías al mercado argentino.
Actualmente existe un debate entre productores y la industria semillera sobre una eventual actualización de la normativa vigente. Uno de los puntos en discusión es el uso propio, mecanismo que permite al productor conservar una parte de su cosecha para utilizarla como semilla en la campaña siguiente. Si bien esta posibilidad está contemplada legalmente, se analiza establecer mayores restricciones y un eventual pago por su utilización.
A esto se suma el compromiso del Gobierno de enviar al Congreso el tratado de adhesión a UPOV-91, acuerdo internacional que amplía la protección de la propiedad intelectual sobre las variedades vegetales. Entre otros aspectos, contempla mecanismos para reconocer ese derecho incluso cuando no haya sido abonado al momento de adquirir la semilla.
En la Argentina, BASF desarrolla actividades vinculadas con soja, maíz, trigo y girasol. Dentro del negocio de soja cuenta con la marca Credenz, orientada a ofrecer genética de alto rendimiento y adaptación a diferentes ambientes productivos.
A nivel global, la división de soluciones para la agricultura de la compañía cuenta con un conjunto de desarrollos que, según sus proyecciones, podrían generar ventas adicionales superiores a 7.500 millones de euros a partir de productos y soluciones previstos hasta 2035. Para América Latina, la empresa proyecta alrededor de 200 lanzamientos durante ese período, que abarcarán protección de cultivos, tratamiento de semillas, biotecnología y herramientas digitales.
En el mercado argentino, la compañía también analiza alternativas para ampliar su participación en semillas y eventos biotecnológicos. Desde la empresa señalaron que un marco regulatorio actualizado y equilibrado podría contribuir a generar condiciones para nuevas inversiones, proteger la propiedad intelectual y facilitar la incorporación de tecnologías destinadas a mejorar la productividad y sustentabilidad agrícola.
Entre las innovaciones que busca llevar al mercado local se encuentran desarrollos como Nemasphere, HT4 y HT5. Se trata de tecnologías orientadas, entre otros objetivos, al control de malezas mediante diferentes modos de acción de herbicidas y al manejo de nematodos en cultivos de soja.
La discusión sobre nuevas tecnologías se produce sobre una base de fuerte adopción de la biotecnología en el agro argentino. En 1996 fue aprobado en el país el primer evento transgénico aplicado a la soja, conocido como soja RR, resistente al herbicida glifosato. Su incorporación significó un cambio importante en las estrategias utilizadas para el control de malezas.
La compañía considera que la rápida adopción de innovaciones por parte de los productores argentinos constituye una oportunidad para avanzar con nuevos desarrollos. En ese marco, mantiene sus expectativas sobre los cambios regulatorios y las condiciones necesarias para concretar el lanzamiento de las tecnologías destinadas al mercado local.










