El propio Presidente expresó en distintas oportunidades que, una vez finalizado un eventual segundo mandato en 2031, se retiraría de la política. “Termina el 2031 y a mí no me ven más el pelo. Yo desaparezco… No me van a poder encontrar de ninguna manera”, afirmó. Para alcanzar ese objetivo, en el oficialismo entienden que necesita conseguir la reelección y contar con otros cuatro años para llegar a la denominada “Argentina próspera”.
En el núcleo del poder libertario crece la convicción de que la continuidad del proyecto podría quedar comprometida sin el respaldo electoral de Bullrich. De acuerdo con las encuestas mencionadas en el entorno oficialista, la senadora es actualmente la dirigente del espacio con mayor intención de voto y mejor imagen.
Su eventual llegada a la vicepresidencia, sin embargo, también genera diferencias dentro del Gobierno. En la Casa Rosada consideran que no sería una compañera de fórmula convencional y que podría reclamar una participación importante en las decisiones del Poder Ejecutivo. Mientras algunos sectores imaginan un “co-gobierno”, otros advierten que designarla en ese lugar “sería como entregarle el gobierno”.
Pese a esas reservas, en el oficialismo evalúan que su incorporación podría ampliar la base electoral. Bullrich podría atraer a votantes del PRO y a sectores que acompañan el rumbo general del Gobierno, pero mantienen diferencias con las formas del Presidente o con algunas de sus políticas. Su presencia también aportaría, según esa mirada, “un toque de moderación” capaz de acercar a votantes de centro.
Por el momento, no está previsto anunciar una fórmula presidencial. En el oficialismo prefieren que Bullrich conserve libertad de acción para expresar otros puntos de vista y contribuir a ampliar el electorado potencial.
Del lado opositor, las principales consultoras de opinión pública estiman que el 56,6% de los argentinos quiere un cambio de gobierno o de orientación política en las elecciones de 2027. Ese escenario impulsa conversaciones para conformar un espacio denominado “Un Frente Anti Milei”, que reuniría a sectores peronistas, algunas corrientes del radicalismo y otras agrupaciones. Sergio Massa aparece como uno de los dirigentes más activos en las negociaciones.
La iniciativa busca convocar a distintos sectores críticos del Presidente, desde quienes rechazan de manera frontal las políticas libertarias hasta quienes acompañan parte del rumbo económico, pero cuestionan sus formas de conducción. También hay preocupación entre algunos dirigentes por la posibilidad de que un segundo mandato profundice los “rasgos autoritarios” que le atribuyen al mandatario.
Quienes promueven el frente sostienen que existe un extendido “cansancio con el estilo Milei”, una situación que comparan, en cierta medida, con el desgaste que se registró hacia el final del segundo mandato de Cristina Kirchner.
Según quienes conocen su posición, la expresidenta comparte esa interpretación y considera que Axel Kicillof no sería el dirigente indicado para representar a la oposición en 2027. Sin embargo, la definición de una candidatura continúa siendo uno de los principales obstáculos para el armado.
En el kirchnerismo sostienen que Cristina Kirchner es quien mejor mide en las encuestas, aunque se encuentra inhabilitada judicialmente. En su entorno también hay quienes aseguran que no busca un tercer mandato y que su prioridad es que el peronismo vuelva a ganar las elecciones para conservar una posición de poder.
Massa, por su parte, transmite en conversaciones privadas que “todavía no es su tiempo”. Considera que su paso por el Ministerio de Economía durante el gobierno anterior sigue demasiado reciente. Los demás nombres que se analizaron hasta ahora, en cambio, registran un alto nivel de desconocimiento entre el electorado.
Mientras la oposición intenta ordenar su estrategia, el entorno presidencial apuesta a que la economía muestre una recuperación durante los próximos meses y mejore las perspectivas electorales del oficialismo. En el Gobierno esperan una reactivación de la actividad y un escenario más favorable para el año electoral.
Entre los factores que mencionan aparece una posible mejora de la construcción, impulsada en parte por las licitaciones de corredores viales. Hasta el momento se licitaron 4.000 kilómetros de un total de 9.000, mientras también se observa cierta recuperación de las obras en el interior del país.
A eso se suman los proyectos incluidos en el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), que tienen comprometidos montos por 7.600 millones de dólares durante el año en curso y por 7.800 millones para el próximo.
Otra de las expectativas oficiales está puesta en la recuperación de los salarios a partir de la desaceleración inflacionaria. En octubre, por sexto mes consecutivo, los aumentos acordados en paritarias por los principales gremios superaron la suba de precios. Según Synopsis, los ajustes salariales del mes pasado alcanzaron el 2,4%, frente a una inflación estimada por consultoras privadas de entre el 1,8% y el 2%.
Desde mayo, los salarios acumulan una mejora cercana al 16%, mientras que la inflación del mismo período ronda el 12%. La diferencia representa una recuperación superior a los tres puntos porcentuales.
Sin embargo, esa mejora durante la segunda mitad del año no sería suficiente para compensar la pérdida de los primeros meses. Las proyecciones de Ecolatina indican que 2026 finalizaría con una caída salarial algo menor al 2%.
La consultora también calcula que el ingreso disponible, es decir, el dinero que queda después de cubrir los gastos esenciales, comenzó a recuperarse desde mayo. A pesar de esa evolución, estima que el promedio anual registrará una baja leve del 0,6% en comparación con 2025.
Los aumentos sostenidos de las tarifas de los servicios y las dificultades del mercado laboral continúan presionando sobre los ingresos familiares. En ese contexto, las expectativas de recuperación económica conviven con los problemas que enfrentan los hogares para llegar a fin de mes.










