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Ley de Gresham: por qué se gastan pesos y se ahorran dólares

29 octubre, 2026
in Economía
Ley de Gresham: por qué se gastan pesos y se ahorran dólares
Para muchos argentinos, la decisión parece automática: usar los pesos para pagar los gastos cotidianos y conservar los dólares como ahorro. La conducta se repite al cobrar el sueldo, recibir un ingreso extraordinario o decidir qué hacer con el dinero que queda después de cubrir los gastos del mes.

La inflación, las devaluaciones y los cambios en las reglas cambiarias consolidaron una forma de administrar el dinero en la que cada moneda cumple una función diferente. Mientras el peso se utiliza para buena parte de las transacciones diarias, el dólar ocupa un lugar central en las decisiones de ahorro.

Este comportamiento remite a una de las frases más conocidas de la economía: «la moneda mala desplaza a la buena». La expresión resume la ley de Gresham, un principio que permite analizar por qué, cuando dos monedas están disponibles, las personas pueden preferir gastar una y conservar la otra.

La formulación clásica de esta ley parte de una situación en la que dos monedas circulan simultáneamente y mantienen una relación de valor establecida por ley o por una autoridad. El problema surge cuando esa relación no coincide con el valor económico efectivo de cada una. En ese escenario, las personas tienen incentivos para utilizar la moneda relativamente sobrevaluada y guardar la que consideran más valiosa.

Por ejemplo, si dos monedas tienen legalmente el mismo poder para cancelar una deuda, pero una contiene una cantidad de metal precioso que le otorga un valor económico superior, quien pueda elegir entre ambas tendrá motivos para pagar con la de menor valor real y conservar la otra. De esta manera, la moneda relativamente sobrevaluada continúa circulando, mientras que la subvaluada tiende a desaparecer de las transacciones.

Sin embargo, los términos «mala» y «buena» no se refieren necesariamente a la confianza que genera cada moneda ni a su capacidad para preservar el poder adquisitivo. En la formulación original, describen la diferencia entre el valor legal y el valor económico de las monedas. Además, distintos especialistas cuestionaron el alcance universal de esta regla. Arthur Rolnick y Warren Weber, por ejemplo, estudiaron episodios históricos que pusieron en duda que pueda aplicarse en cualquier contexto.

En Argentina, la conducta de gastar pesos y ahorrar en dólares presenta una similitud con ese mecanismo, aunque existe una diferencia fundamental: ambas monedas no mantienen una paridad legal fija que obligue a utilizarlas en una proporción determinada. El precio del dólar frente al peso depende del régimen cambiario vigente y de las condiciones del mercado.

Por eso, para comprender el comportamiento de los ahorristas argentinos, es necesario considerar otros factores. La inflación sostenida reduce el poder adquisitivo del dinero cuando los rendimientos obtenidos no compensan el aumento de los precios. Frente a esa situación, las personas no solo evalúan cuánto pueden comprar hoy, sino también qué podrán adquirir con sus ahorros en el futuro.

Las experiencias de inflación elevada, fuertes devaluaciones y restricciones o cambios en las reglas de acceso al mercado cambiario influyeron en las decisiones patrimoniales de los hogares. Así, conservar dólares puede responder a la expectativa de una depreciación del peso, a la búsqueda de una reserva de valor o a hábitos de ahorro construidos a lo largo del tiempo.

El Banco Central utiliza el concepto de economía bimonetaria para describir la coexistencia de operaciones y activos denominados en pesos y dólares. La presencia de depósitos y créditos en ambas monedas refleja que una no necesariamente reemplaza por completo a la otra: su utilización depende de la función que los agentes económicos les asignan.

En este contexto, conceptos como dolarización financiera y sustitución monetaria permiten describir con mayor precisión el fenómeno. La dolarización financiera ocurre cuando las personas mantienen una parte de su patrimonio o de sus activos financieros en moneda extranjera. La sustitución monetaria, en cambio, se produce cuando una divisa comienza a cumplir algunas de las funciones que tradicionalmente corresponden a la moneda local.

La literatura económica sobre América Latina estudió estos comportamientos en países que atravesaron períodos de inflación elevada. Un trabajo de Pablo Guidotti y Carlos Rodríguez, publicado por el Fondo Monetario Internacional en 1992, analizó la dolarización y la sustitución monetaria en la región, incluida Argentina, y vinculó esos procesos con las diferencias de inflación y los costos asociados a cambiar de una moneda a otra.

A diferencia de la ley de Gresham, estos fenómenos no requieren una paridad legal entre las monedas. Lo relevante es la decisión de los agentes sobre cuál utilizar para las transacciones y cuál mantener como reserva de valor. Si el peso resulta conveniente para los gastos cotidianos y el dólar se percibe como una alternativa más adecuada para preservar el patrimonio, ambas monedas pueden mantener una demanda simultánea.

Esa preferencia, de todos modos, no es inmutable. Puede aumentar cuando crecen las expectativas de inflación o de depreciación del peso, y disminuir cuando los ahorristas consideran que los instrumentos denominados en moneda local ofrecen una combinación más atractiva de rendimiento y riesgo.

La ley de Gresham ayuda a comprender una parte de la conducta extendida entre los argentinos: utilizar una moneda para pagar y conservar otra. Sin embargo, la razón por la que el dólar suele ocupar el lugar del ahorro responde a una combinación de factores económicos e históricos.

En el mecanismo clásico, la moneda se conserva porque su valor económico supera el que le reconoce una relación legal. En Argentina, en cambio, la decisión puede estar vinculada con las expectativas sobre el tipo de cambio, la inflación, la confianza y la búsqueda de protección frente a una eventual pérdida de poder adquisitivo.

La vieja regla permite entender la lógica de gastar una moneda y guardar otra, pero la historia monetaria argentina explica por qué el dólar se convirtió en una referencia para el ahorro. La diferencia está en el origen del incentivo: mientras que en la formulación histórica surge de la relación legal entre las monedas, en la economía argentina intervienen principalmente las expectativas, el riesgo cambiario y la función que los ahorristas asignan a cada una.

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