La decisión llevó también la tasa de financiación principal al 2,65%, mientras que la facilidad marginal de crédito quedó en 2,9%. El esquema de política monetaria del área euro utiliza tres tasas de referencia, entre ellas la facilidad de depósito, que ocupa un lugar central en la estrategia del organismo.
El nuevo movimiento se produce en un contexto marcado por el aumento de los precios de la energía y las consecuencias del conflicto en Medio Oriente. El BCE advirtió que las presiones inflacionarias vinculadas con esa situación podrían mantenerse durante un período prolongado y señaló que el nivel actual de tasas le permite afrontar la incertidumbre generada por el escenario internacional.
La inflación de la zona euro alcanzó en agosto el 3,3% interanual, frente al 2,9% registrado en julio. De esta manera, llegó a su nivel más elevado desde septiembre de 2023.
El componente energético fue el principal impulsor de la aceleración. La inflación asociada a la energía pasó del 10,3% al 14,3%, en un escenario de restricciones en la oferta de petróleo vinculadas con el conflicto en Medio Oriente y las tensiones en el Estrecho de Ormuz. El Brent, por su parte, superó los 100 dólares por barril después de los últimos enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán.
Las proyecciones del BCE contemplan una inflación general promedio del 3% para este año. Al mismo tiempo, el organismo revisó al alza sus previsiones para los dos años siguientes: ahora espera una inflación del 2,5% en 2027 y del 2,1% en 2028.
El comportamiento de la inflación subyacente ofrece, sin embargo, un panorama diferente. Al excluir los precios de la energía y los alimentos, el indicador descendió al 2,4% en agosto. La inflación de los servicios también se redujo, hasta el 3%. Por el momento, los datos no muestran una traslación significativa del encarecimiento energético hacia el resto de los bienes y servicios.
Un análisis técnico elaborado dentro del propio BCE concluyó que cerca del 90% del incremento de la inflación energética registrado entre enero y mayo estuvo relacionado con factores adversos de oferta. De acuerdo con esa evaluación, el shock energético actual tiene un peso mayor que la demanda y los estímulos de política económica, a diferencia de lo ocurrido durante el pico inflacionario de 2021-2022.
La evolución de los precios tampoco es uniforme entre los principales países del bloque. En agosto, España registró una inflación del 4,5%, mientras que Alemania alcanzó el 2,9% y Francia el 2,7%. La diferencia se produjo pese a que las tres economías enfrentan un contexto energético similar.
Para las próximas decisiones del BCE, uno de los puntos centrales será determinar cómo impacta la suba de precios sobre el nivel de actividad. La economía europea no presenta señales de un sobrecalentamiento y la tasa del 2,5% se encuentra dentro del rango considerado neutral. Un incremento por encima de ese nivel supondría avanzar hacia una política deliberadamente restrictiva para moderar el crecimiento.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ya había anticipado en julio que la evolución de los precios energéticos sería determinante para las decisiones posteriores. En ese momento, el organismo había mantenido las tasas y solicitado a sus equipos técnicos nuevas proyecciones sobre el comportamiento del petróleo y el gas.
Lagarde también había advertido que todavía no se había manifestado por completo el impacto inflacionario del shock energético y que las decisiones futuras dependerían de la evolución de los datos.
La reunión estuvo acompañada por una actualización de las proyecciones macroeconómicas del BCE. Sin embargo, el relevamiento utilizado para elaborarlas había finalizado dos semanas antes del encuentro, por lo que las nuevas estimaciones todavía no incorporan el último incremento de los precios del petróleo ni el fuerte aumento de los rendimientos de la deuda soberana europea, que alcanzaron máximos de 15 años.










