A pesar de este crecimiento, la energía nuclear todavía representa menos del 10% de la electricidad consumida en el mundo. Esta participación explica parte del renovado interés de gobiernos y empresas por ampliar la capacidad instalada durante los próximos años.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta que el consumo mundial de electricidad crecerá a un ritmo promedio del 3,6% anual entre 2026 y 2030. De acuerdo con sus estimaciones, la demanda pasará de unos 28.200 TWh en 2025 a aproximadamente 33.600 TWh al final de la década.
El aumento previsto representa unos 5.400 TWh adicionales en apenas cinco años, más del doble de la generación nuclear actual. Entre los factores que impulsan esta expansión se encuentran la electrificación de la economía, el crecimiento de la actividad industrial y el aumento del consumo energético de los centros de datos.
A esto se suman los objetivos de reducción de emisiones y la necesidad de garantizar un suministro eléctrico constante en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica. La energía nuclear vuelve así a ser considerada como una fuente capaz de generar electricidad de manera continua y con bajas emisiones durante su funcionamiento.
El impulso actual no está vinculado únicamente a las políticas de descarbonización. El crecimiento de la inteligencia artificial y de los centros de datos también incrementó las necesidades de generación eléctrica permanente. Esta demanda llevó a extender contratos de abastecimiento energético por períodos prolongados y sumó un nuevo factor al desarrollo de la industria nuclear.
El renovado interés también está relacionado con las limitaciones que presenta la expansión de las energías renovables. La generación solar y eólica continúa creciendo, pero depende de las condiciones climáticas y requiere sistemas complementarios que permitan garantizar el suministro cuando disminuye la generación.
En este escenario, más de 20 países tienen previsto ampliar o reactivar sus programas nucleares, con el objetivo de duplicar la capacidad instalada hacia 2050 y llevar la participación de esta fuente a cerca del 10% de la generación eléctrica mundial.
Dentro de la industria existen distintos segmentos. Por un lado, están las empresas que operan centrales nucleares y generan ingresos a partir de instalaciones que ya se encuentran en funcionamiento. Algunas de ellas comenzaron a establecer nuevos acuerdos para atender el incremento de la demanda proveniente de los centros de datos.
Otro segmento está compuesto por los desarrolladores de nuevos reactores, especialmente aquellos que trabajan con tecnologías de pequeña escala. En estos casos, buena parte de la valoración depende de proyectos que todavía no comenzaron a generar ingresos y que pueden enfrentar obstáculos técnicos, regulatorios o financieros antes de entrar en funcionamiento.
Los reactores modulares pequeños, conocidos como SMR, constituyen una de las principales líneas de desarrollo. Estos diseños buscan estandarizar la construcción y utilizar unidades de menor tamaño, con la posibilidad de instalarlas más cerca de grandes centros de consumo. Sin embargo, muchos de estos proyectos todavía se encuentran en etapas de desarrollo y deberán superar distintos procesos regulatorios y técnicos antes de alcanzar una operación comercial.
También existen empresas vinculadas al suministro de equipos, infraestructura y tecnología para la generación eléctrica que pueden beneficiarse del aumento de las inversiones sin depender exclusivamente del éxito de un nuevo modelo de reactor. Este segmento incluye compañías con actividad en distintas fuentes de generación, como nuclear, gas e hidroelectricidad, además de proyectos destinados a modernizar las redes eléctricas.
La expansión de la energía nuclear también está relacionada con los cambios en el escenario geopolítico. La guerra entre Rusia y Ucrania, las dificultades vinculadas al suministro de gas natural, los conflictos en Medio Oriente y las restricciones sobre rutas estratégicas de transporte energético pusieron de manifiesto los riesgos asociados a la concentración de proveedores.
En este contexto, la energía nuclear comenzó a ser considerada no solo como una fuente de bajas emisiones, sino también como una herramienta para reducir la dependencia de proveedores externos y fortalecer la seguridad energética de los países.
El crecimiento de la generación nuclear genera, a su vez, una mayor demanda de combustible. Por este motivo, el uranio se convirtió en otro de los sectores vinculados a la expansión de esta industria.
El compuesto U3O8, utilizado para comercializar el uranio, comenzó 2026 con una fuerte suba y alcanzó los US$101,55 por libra a fines de enero, su nivel más alto en dos años. Posteriormente registró una corrección cercana al 18% y llegó a US$83,50 en marzo. Durante los meses siguientes recuperó parte del terreno perdido y se mantuvo alrededor de los US$85 por libra.
El movimiento de los precios estuvo acompañado por una evolución diferente en los contratos de suministro a largo plazo. Mientras la cotización de corto plazo retrocedió luego del máximo de enero, el precio de los contratos de largo plazo pasó de US$89 por libra en enero a US$95,50 en junio.
Esta diferencia tiene relevancia para la industria porque las empresas generadoras de electricidad aseguran buena parte del combustible que necesitan mediante acuerdos plurianuales. Por ese motivo, los contratos de largo plazo reflejan en mayor medida las expectativas sobre la demanda futura de uranio.
Entre los principales productores occidentales de uranio se encuentran compañías con operaciones en Canadá y Kazajistán y participación en distintas etapas del ciclo del combustible nuclear. Algunas de estas empresas cuentan con ingresos y ganancias consolidadas y una cartera de contratos de largo plazo, lo que les permite tener una exposición directa al crecimiento esperado de la demanda de combustible.
Sin embargo, la evolución de los precios del uranio también muestra que el sector está expuesto a ciclos y períodos de volatilidad. La caída registrada después del máximo de enero constituye un ejemplo de los movimientos que pueden producirse aun dentro de una tendencia de crecimiento de largo plazo.
El desarrollo de la energía nuclear se encuentra así impulsado por tres factores principales: la necesidad de avanzar hacia fuentes de bajas emisiones, el aumento de la demanda eléctrica asociado a la inteligencia artificial y los centros de datos, y la búsqueda de mayor seguridad y autonomía energética frente a un escenario geopolítico más fragmentado.
El crecimiento esperado de la industria, no obstante, está acompañado por diferentes desafíos según el segmento. Los productores de uranio dependen de la evolución de los precios del combustible, las empresas de infraestructura están vinculadas a la ejecución de grandes proyectos y los desarrolladores de nuevos reactores deben superar desafíos técnicos, regulatorios y financieros antes de alcanzar una escala comercial.










