Sin embargo, llegar al corazón de la gente requiere más que solo talento y logros. La empatía se convierte en una palabra clave que explica esta conexión tan intensa con los hinchas. Los jugadores podrían ser esos nietos que se preocupan por sus abuelos, mirándolos a los ojos y acariciando sus manos. Esto explica por qué los medios muestran a los adultos mayores viviendo cada partido con tanta emoción. También podrían ser esos hermanos o primos que siempre están presentes en los momentos cruciales, a diferencia de quienes solo aparecen en las celebraciones. Por ello, ver a la selección se ha transformado en una ceremonia familiar, acompañada de pizzas, asados o meriendas, según el horario del encuentro. La misma lógica se aplica a esos amigos verdaderos que, aunque hablen poco, siempre están disponibles. Los grupos de mensajería se llenan de actividad antes, durante y especialmente después de cada partido.
Asimismo, los futbolistas también simbolizan a los hijos amados, con un nexo que supera las diferencias y las discusiones familiares. Durante este Mundial, no faltaron las llamadas de padres comentando el último gol de Leo o la calma de Scaloni.
Esto contribuye a explicar el fenómeno que se vive en todos los rincones del país. En Argentina, no es común salir a festejar masivamente; la acción colectiva suele vincularse más con reclamos y protestas. Sin embargo, el fútbol quiebra esta tendencia, y esto se refleja en los videos celebratorios en lugares como el Obelisco o en zonas más remotas, como la Base Marambio.
“Los Mundiales para los argentinos son especiales, lo sabemos. A veces nos olvidamos de las dificultades que enfrentamos, como el desempleo o la escasez. Es parte de nuestra realidad. Por eso, nos alegra estar en una nueva final”, afirmó un Messi sensible y comprometido.
La Scaloneta trasciende las diversas clases sociales porque comparte valores, provoca emociones y genera conexión. No evade las causas que considera fundamentales; levanta la bandera de Malvinas con naturalidad. Docentes de primaria seguramente sonreirán al comprobar que Messi, Giovani Lo Celso y sus compañeros han hecho que miles de jóvenes vuelvan a preguntar en sus hogares sobre las islas, la guerra y una causa que continúa viva en la memoria colectiva.
También abrazan a esta Selección educadores y profesionales de la salud, verdaderos héroes silenciosos en un país que, desafortunadamente, comienza de nuevo cada vez que asume un nuevo presidente. No hay hospital, clínica o centro médico que no cuente con una pantalla siguiendo los encuentros. Celso Lamas, un maestro rural de la escuela de San José del Aguilar en Salta, recorre aproximadamente 70 kilómetros en moto para impartir clases a un pequeño grupo de alumnos y disfrutar de la Scaloneta desde un antiguo celular.
“Jugamos con mucha intensidad. Sabíamos que para la gente este era un partido especial”, contó Emiliano Martínez. “No voy a mentir, todos somos argentinos y lo vivimos como los hinchas. Desde el primer minuto salimos a buscar el partido. Tuvimos que luchar porque el rival es complicado, pero siempre proponemos, sin miedo y con la ambición de ganar”, añadió Lisandro Martínez. Leandro Paredes también se sumó a la reflexión: “Conocemos el significado de Inglaterra para este país y su historia, ese momento difícil que vivió nuestra gente y que hoy, seguramente, los tiene contentos”.
Quizás dentro de algunos años no se recordarán los detalles específicos de la semifinal contra Inglaterra ni quién asistió a los goles de Enzo y Lautaro. Lo que sí perdurará será la sensación de haber sido contemporáneos de un equipo que logró algo mucho más complejo que ganar partidos. La Scaloneta logró que millones de argentinos se unieran en torno a una misma ilusión, sin importar edad, provincia, ideología o historia personal. Y cuando una selección alcanza ese estatus en el corazón de un país, deja de ser solo un equipo de fútbol y se convierte en parte de su memoria. Por ello, es la Selección del pueblo.










