El encuentro comenzó mucho antes de que se iniciara el partido. Según lo previsto, el duelo entre las hinchadas fue uno de los espectáculos más memorables del torneo. Con más del 60 por ciento de fanáticos argentinos en el estadio, la hinchada nacional se adueñó del show. Al sonar “God Save the King” por los altavoces, se desató un estruendoso abucheo. Mientras los jugadores ingleses cantaban en la pantalla 360° del recinto, el bullicio fue verdaderamente impresionante.
Algo similar ocurrió con el himno argentino. La hinchada inglesa abucheó la canción patriótica, pero el sonido de los argentinos superó los 120 decibeles mientras los futbolistas entonaban su himno, acompañados por un fervor sin igual desde las gradas a lo largo de este torneo de la FIFA. La expresión de los jugadores lo decía todo: aunque la presión interna era palpable, se desató un instante único que quedará grabado en la memoria colectiva.
Más allá del ambiente electrizante en la tribuna, se disputó un partido en el que la selección argentina demostró mayor esfuerzo. Así, sorprendió que el equipo dirigido por Thomas Tuchel abriera el marcador a los 10 minutos del segundo tiempo, gracias a Anthony Gordon, nuevo refuerzo del Barcelona. Sin embargo, a partir de ese momento, Messi y sus compañeros se apoderaron del control del encuentro. La respuesta de los futbolistas luego del cabezazo de Alexis Mac Allister que se estrelló en el palo lo confirmaba. Situaciones similares se dieron con el remate de Nicolás González, que se desvió cerca del segundo palo defendido por Pickford, hasta que finalmente llegó el alivio absoluto.
Argentina comenzó a encontrar pases filtrados en los espacios dejados por la defensa inglesa. Enzo Fernández tomó la iniciativa y ejecutó un golazo que evocó su tanto ante México hace casi cuatro años en Medio Oriente. La celebración fue explosiva, pero destacó un momento en particular: varios jugadores, incluyendo a Nicolás Otamendi y Rodrigo de Paul, comenzaron a pedir mayor aliento del público, arengándose mutuamente en busca del triunfo, como un tiburón que percibe sangre en el agua. En contraste, Harry Kane, Anderson y John Stones, entre otros, evidenciaron la presión del momento.
Antes del segundo gol argentino, luego de que Messi demostrara su capacidad con la pierna inhábil al asistir a Lautaro Martínez, se vivió otra situación que reflejó el espíritu competitivo de este equipo nacional. En una jugada disputada por la banda derecha entre Jude Bellingham, De Paul y Gonzalo Montiel, la estrella del Real Madrid perdió la pelota y, al darse la vuelta, Montiel lo miró y le comentó algo que probablemente solo ellos comprendieron, reflejando la intensidad del momento que culminaría unos minutos después con un 2-1 glorioso para los campeones del mundo.
Al sonar el pitido final del árbitro Ismail Elfath, se desató el caos y la euforia en las gradas y en el campo de juego. Los fanáticos y los jugadores argentinos celebraron una victoria heroica que será recordada por generaciones venideras. En medio de esa celebración, el capitán del equipo, portando el número 10, saludó uno por uno a los jugadores ingleses tras el partido. Aunque todos aceptaron el gesto, Kane lo felicitó por su avance a la final del Mundial, marcando la segunda participación para este grupo que sigue ampliando su leyenda.










