El economista se mostró crítico con la idea de que Argentina opera bajo un modelo de dos velocidades, argumentando que esta concepción sugiere una especie de equilibrio. Afirmó: “Ahora, los ganadores son menos del 20% de la economía. Entonces, no es ni siquiera una letra ‘K’. Una letra ‘K’ es ser muy generoso. Esto es una ‘K’ rara”.
Melconian subrayó las dificultades que enfrentan las zonas urbanas. “En procesos de reconversión como en la Argentina, al 50% a la buena de Dios no lo podés dejar”, advirtió. Recordó que el país ha pasado por varias etapas de reconversión y describió los retos que enfrentan distintos sectores económicos. Mientras algunos empresarios aprovechan oportunidades derivadas de políticas fiscales o cambiarias ventajosas, otros, particularmente en el conurbano, se ven atrapados en problemas que obstaculizan la inversión y el desarrollo.
Respecto a la evolución de los indicadores económicos, destacó que la disminución del riesgo país no se traduce de inmediato en beneficios para la economía real. “La caída del riesgo es un remedio fenomenal que llega cuando el enfermo se murió”, comentó, señalando que este efecto beneficia principalmente a quienes tienen activos financieros, sin que ello implique mejoras para la mayoría de la población.
El economista también reflexionó sobre la intersección entre economía y política, especialmente a raíz de declaraciones del ministro sobre las elecciones de 2027. Manifestó su preocupación por el impacto político que esto podría tener. “En la medida que el ministro dice que la economía se lleva puesta a la política, significa que la economía tiene que ser tan brillante que, a la elección, al préstamo del tesoro americano y al tema de Adorni se lo traguen la brillantez de la economía. Para eso hay que crecer al 8% y tener inflación menor a un dígito anual, que es lo que le pasó los primeros 3, 4 años a Menem y a los Kirchner”, enfatizó.
“Para nada es que el caso Adorni está opacando algo que es una fórmula 1 a 300 kilómetros por hora”, agregó.
Melconian alertó sobre la falta de un mecanismo de círculo virtuoso, es decir, el crédito y la inversión, subrayando que este aspecto ha quedado relegado para el próximo gobierno.
Como un ejemplo de cómo la economía puede influir en el proceso político, mencionó el superávit fiscal: “Después de 80 años de déficit fiscal, interrumpido por pocos años con superávit, ya es un mandamiento que impusiste. Falta que desde el superávit fiscal se coma, se cure y se eduque. Porque lo que no puede ocurrir con el rumbo y el modelo es que no termine dando resultado”.
Finalmente, Melconian sostuvo que el futuro del gobierno en la próxima elección no depende del riesgo país, sino de indicadores como el nivel de actividad, la inflación, el poder adquisitivo y la oferta de bienes públicos.










