El viaje fue organizado por la consultora AZ-Group por encargo del CREA Arroyo Langueyú. Si bien recorridas anteriores ya habían mostrado el potencial de Mato Grosso para producir soja y maíz pese a las limitaciones de sus suelos y la distancia a los puertos, esta visita puso el foco en los sistemas ganaderos de gran escala y en los mecanismos de integración comercial y productiva.
Una de las experiencias destacadas fue la de Nutripura, empresa fundada en 2001 que fabrica alimentos balanceados y suplementos para mejorar la productividad bovina. Su actividad incluye un centro de investigación de 300 hectáreas, donde evalúa alternativas de recría y engorde de novillos tanto a campo como en corrales, además de brindar asesoramiento sobre pasturas y nutrición animal.
“Nutripura es una empresa especializada en la fabricación de alimentos balanceados y suplementos que buscan maximizar la productividad en la ganadería bovina. No obstante, su función va más allá de la venta”, explicó Paloma Fontana, analista de Ganadería de AZ-Group y participante del recorrido.
La compañía administra un pool ganadero de 230.000 cabezas, una estructura que permite negociar de manera conjunta la venta de animales y la compra de insumos. También ofrece herramientas financieras, como opciones de venta y contratos a futuro, para reducir la exposición a las fluctuaciones de precios.
Según la consultora, el modelo convierte a Nutripura en un nexo entre productores, industria y mercado financiero. Además de comercializar alimentos, la empresa brinda servicios de hospedaje de ganado y coordina compras y ventas a gran escala, con el objetivo de mejorar el poder de negociación de sus clientes. La experiencia puso de relieve dos conceptos centrales: la integración de servicios y el asociativismo.
Otro establecimiento visitado fue Grupo Palmarés, una empresa familiar gestionada por tres hermanos que trabaja sobre 8.500 hectáreas. De esa superficie, unas 7.000 se destinan a soja, algodón y maíz, mientras que el resto se utiliza para la actividad ganadera.
El sistema combina animales de raza Nelore y cruzas con Angus, con esquemas de recría y engorde que aprovechan la siembra de capí entre los cultivos. De esta manera, implementan rotaciones como soja-capí-maíz y soja-capí-algodón, integrando la producción de granos con la generación de forraje.
El capí, una gramínea de rápido crecimiento durante la estación húmeda brasileña, permite sostener una elevada carga animal durante períodos relativamente cortos. Según los datos presentados durante la visita, puede crecer entre tres y cinco centímetros diarios y volver a pastorearse entre los 15 y 18 días posteriores a la cosecha. Los animales ingresan a los lotes cuando el forraje alcanza unos 60 centímetros y se retiran cuando quedan aproximadamente 20 centímetros.
Palmarés también participa de una asociación con otras 15 empresas que reúne una superficie total de 400.000 hectáreas. La organización permite realizar compras conjuntas de insumos y obtener descuentos cercanos al 15%, una ventaja que surge de la escala y la coordinación entre productores.
La tercera experiencia fue la del Grupo BomJesus, que desarrolló un modelo integrado de agricultura y ganadería sobre 390.000 hectáreas, en su mayoría propias. Allí conviven cultivos de soja, maíz y algodón, plantaciones de eucaliptos, instalaciones de acopio y sistemas ganaderos intensivos.
La actividad pecuaria comprende cría, recría pastoril y engorde intensivo a pasto con suplementación energética. Se utilizan animales Nelore y cruzas con Angus, Brangus y Charolais, con un manejo que adapta la suplementación a la disponibilidad de forraje a lo largo del año.
Según los datos compartidos durante la recorrida, el sistema alcanza una ganancia diaria promedio de 1,9 kilos por animal y permite llegar a la faena a los 23 meses, con un peso de 600 kilos. Las vaquillonas se inseminan entre los 13 y los 15 meses, cuando alcanzan unos 300 kilos; aquellas que no quedan preñadas se destinan a faena.
Entre los aspectos destacados se encuentran la recría y el engorde de animales enteros, el uso intensivo de Brachiaria y otras pasturas tropicales, y la integración entre agricultura y ganadería. La escala operativa y la profesionalización de la gestión aparecen como componentes centrales para sostener la productividad.
La recorrida también permitió analizar el papel del maíz en la matriz energética brasileña. En Mato Grosso, el cereal se utiliza cada vez más para producir etanol, una actividad que ya cuenta con 20 plantas de destilación. Esta estrategia busca reducir la dependencia de los precios internacionales del petróleo.
“En Brasil ya existen vehículos que funcionan únicamente con etanol, equipados con motores Flex, beneficiándose de un combustible que cuesta un 15% menos que la mezcla con nafta, cuya proporción ha aumentado del 25% al 32%”, explicó Emiliano Piccolini, otro de los participantes del viaje.
En el plano agrícola, los productores brasileños también se destacan por el nivel de incorporación tecnológica. En el cultivo de soja se utilizan 20 eventos transgénicos aprobados por las autoridades, mientras que la comercialización de semillas incluye presentaciones en big bags y procesos de triple curado, según relató Piccolini.
La estrategia comercial es otro de los puntos que diferencia a los productores de Mato Grosso. En lugar de conservar los granos como resguardo frente a la inestabilidad económica, suelen vender la soja y el maíz después de la cosecha o anticipar operaciones cuando detectan condiciones favorables.
“Tienen una cultura de ventas anticipadas, pudiendo negociar con el mercado de Chicago, en el puerto o la terminal ferroviaria más cercana. Cuando detectan una oportunidad de negocio favorable entre costos e ingresos, concretan las ventas, generalmente mediante forwards”, señaló Piccolini.
La comercialización anticipada permite transformar la producción en liquidez y reinvertir los fondos en el negocio agrícola, favoreciendo nuevas inversiones. Este enfoque se apoya en una estructura productiva de gran escala, aunque los márgenes por hectárea sean relativamente acotados.
De acuerdo con lo expuesto durante el recorrido, la rentabilidad agrícola en Brasil se ubica entre el 7% y el 8%, condicionada por los elevados costos de los insumos y la logística. En ese contexto, la estrategia no se basa tanto en maximizar el margen de cada hectárea como en alcanzar un volumen de producción que permita sostener el negocio.
Los establecimientos también suelen contar con más maquinaria de la estrictamente necesaria para responder a ventanas de siembra cortas. El financiamiento facilita esas inversiones: los productores pueden acceder a créditos para adquirir tractores e implementos con períodos de gracia de hasta dos años. Sin embargo, también expresan preocupación por tasas de interés que rondan el 14% en reales, frente a una inflación cercana al 4%.
La principal conclusión del viaje es que el desarrollo agropecuario de Mato Grosso no responde a un único factor, sino a la combinación de planificación, seguridad jurídica, financiamiento de mediano y largo plazo, tecnología y profesionalización. A estos elementos se suma la participación activa de los productores en instituciones y espacios legislativos.
Según las observaciones recogidas por AZ-Group, las entidades financiadas por los propios productores cumplen un papel importante en la investigación, la innovación, la generación de información y la representación gremial. El modelo brasileño muestra así cómo la escala, la integración productiva y la coordinación institucional pueden convertirse en herramientas para mejorar la competitividad del sector agropecuario.










