La posibilidad de una postergación obligaría a revisar la planificación institucional, los operativos de seguridad y la logística prevista para las actividades papales. También podría afectar el esquema de feriados anunciado para noviembre, según la información difundida por los organizadores.
Los preparativos comenzaron a tomar forma en febrero, cuando la visita todavía no estaba confirmada. Desde entonces, la conducción de la Conferencia Episcopal Argentina, encabezada por el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, mantuvo reuniones con representantes del Gobierno, entre ellos integrantes del equipo del canciller Pablo Quirno.
Uno de los objetivos de la agenda es propiciar un encuentro entre empresarios, representantes del mundo laboral y movimientos sociales en la Universidad Católica Argentina (UCA). La visita también buscaría dar visibilidad a las dificultades que atraviesan sectores vulnerables, como las personas enfermas, privadas de libertad y con discapacidad.
A pesar de la incertidumbre, los equipos de coordinación continúan con sus tareas. En una reunión realizada en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina, bajo la coordinación del obispo auxiliar de San Isidro, Raúl Pizarro, los participantes ratificaron que el trabajo sigue adelante a la espera de novedades oficiales del Vaticano.
La convocatoria también despertó interés entre los voluntarios: según los datos difundidos por la organización, unas 25.000 personas se inscribieron para colaborar en las celebraciones previstas en Buenos Aires, Córdoba y Luján.
En paralelo, la Iglesia mantiene reuniones con empresas para reunir los fondos necesarios para cubrir los costos de la visita. Los aportes provienen de compañías de distintos sectores, entre ellos el financiero, los servicios, la construcción y la industria automotriz. Hasta el momento, las contribuciones empresariales mencionadas por los organizadores ascienden a US$3 millones.
Parte de la colaboración se realiza mediante donaciones en especie. Entre ellas, se encuentra el aporte de Toyota, que habría entregado dos vehículos para utilizarlos como papamóviles durante los recorridos previstos en Buenos Aires y Córdoba. También se evalúa destinar otro vehículo a una iglesia de frontera.
La Iglesia complementa estos aportes con una colecta realizada el 22 y 23 de agosto, que habría recaudado alrededor de $700 millones. Los fondos fueron enviados al Episcopado para contribuir a cubrir algunos gastos de organización.
Desde la institución sostienen que la visita responde a invitaciones realizadas por los obispos argentinos y por el presidente Javier Milei, quien hizo llegar una carta al pontífice a través del canciller Quirno. Para los organizadores, las contribuciones económicas representan también una forma de participación de distintos sectores de la sociedad.
Por su parte, el Gobierno nacional tiene previsto afrontar gastos vinculados con la seguridad, la logística y el alojamiento de la comitiva papal, integrada por unas 60 personas. Aerolíneas Argentinas trabaja en la planificación de los vuelos necesarios, sujetos a la confirmación del programa definitivo por parte de la Santa Sede.
Por ahora, la organización asegura que no contempla formalmente una cancelación o postergación. La definición dependerá de la información oficial que comunique el Vaticano, mientras continúan las tareas preparatorias.










