Al egresar como ingeniero en telecomunicaciones, percibía 1.100 euros al mes en su país natal. En busca de un mejor salario, decidió emigrar a Suiza, donde rápidamente obtuvo una posición destacada.
En su nuevo empleo, trabajaba en su campo para una gran compañía, cumplía un horario de 9 a 17 y recibía un salario elevado, 120.000 francos suizos anuales, que se traduce a cerca de 130.000 euros. Aunque su labor era “bastante suave”, sin jefes que lo acosaran, existían aspectos negativos que no podía ignorar.
En un video publicado en YouTube, Seguí abordó dos visiones sobre la libertad para sustentar su perspectiva respecto a su vida en Suiza. Con un enfoque liberal, indicó que “para un comunista es libre el que tiene los bienes materiales garantizados”. Según esta idea, si el Estado proporciona lo necesario a alguien, esa persona tiene una libertad ilimitada.
La segunda visión corresponde a un empleado público que trabaja 8 horas al día, disfruta de fines de semana para estar con su familia y percibe un buen salario. En este escenario, según la filosofía liberal, se sentiría libre por poder satisfacer sus deseos sin grandes sacrificios.
Seguí admitió que inicialmente apoyaba esta última concepción, hasta que, como él mismo apuntó, la vivió en carne propia. Al llegar a Suiza, encontró el trabajo ideal en su especialización con un salario excelente y un horario cómodo.
A simple vista, podría considerarse un sueño hecho realidad, pero, con el tiempo, se dio cuenta de que no era realmente libre. “Vivía en una jaula de oro, esa es la realidad”, expresó. Ilustró su situación con ejemplos que mostraban que llevaba una vida de privaciones, aunque no económicas, sino en términos de tiempo.
Con 40 años, este ingeniero observó cómo jóvenes enérgicos disfrutaban de vacaciones prolongadas en Tailandia. A pesar de tener recursos suficientes, no podía permitirse hacerlo. “Me daban solo 15 días de vacaciones al año”, lamentó.
Posteriormente, la situación se complicó aún más cuando se convirtió en padre. Durante esta etapa, experimentó las desventajas de lo que él describe como “esclavitud”. Cuando uno de sus hijos presentaba un problema de salud, debía notificar a recursos humanos sobre su llegada tarde o su ausencia. Comenzó a perderse momentos importantes como actos escolares y cumpleaños.
Así, se cuestionó la utilidad de tener una cuenta bancaria abultada si no podía disfrutar de su tiempo. La idea de convertirse en autónomo empezó a tomar fuerza en su mente.
“Siempre pensé que el emprendedor era alguien que no había estudiado lo suficiente para encontrar un trabajo y debía iniciar su propio negocio como pudiera”, confesó Seguí, reconociendo sus propios prejuicios.
Con el correr del tiempo y a través de su experiencia personal, cambió su perspectiva. “Me fui quemando, desgastando. Con el sueldo suizo, cada 30 días llegaba un cargamento de dinero, pero nunca sos dueño de tu tiempo”, reflexionó en su video.
En 2020, comenzó a considerar la idea de establecer un negocio en Menorca y regresar a España. Con el ahorro acumulado, decidió renunciar a su empleo y perseguir el sueño que le devolviera la libertad anhelada.
Ahora vive feliz en España junto a su familia, a pesar de no contar con el mismo respaldo económico que en Suiza. “Llegamos con lo justo a fin de mes, pero hago lo que me gusta y disfruto de mi libertad”, concluyó.










