El mismo estudio señala que seis de cada diez encuestados aseguran que sus ingresos no alcanzan hasta el día 20 del mes. La situación presenta una mayor incidencia entre las personas de 18 a 39 años, un segmento en el que las dificultades para sostener los gastos cotidianos se combinan con problemas vinculados a la estabilidad laboral.
Entre quienes tienen deudas, el principal destino de los fondos está relacionado con necesidades básicas. El 55,6% utilizó el crédito para alimentos y salud, incluidos gastos de medicina prepaga y consultas médicas. Otro 20,4% recurrió al endeudamiento para pagar servicios y tarifas.
En menor medida, el crédito fue utilizado para adquirir bienes durables para el hogar, con un 10,7% de las respuestas. Un 10,3% tomó deuda para afrontar gastos imprevistos, mientras que el 3% restante no pudo determinar específicamente cuál fue el destino del dinero.
El panorama resulta más marcado entre los jóvenes de 18 a 39 años. En ese grupo, el 83,3% señaló que se queda sin ingresos disponibles antes del día 20, es decir, más de ocho de cada diez personas. El dato incorpora a la discusión sobre este segmento no solo las dificultades relacionadas con el empleo, sino también la capacidad para afrontar los gastos durante todo el mes.
Cuando los ingresos se agotan antes de fin de mes, las alternativas disponibles incluyen el uso de tarjetas de crédito y la contratación de préstamos, entre ellos los ofrecidos a través de billeteras virtuales. Esas herramientas permiten cubrir necesidades inmediatas, pero generan nuevas obligaciones que deben afrontarse en los períodos siguientes.
Algunos de estos préstamos parten de montos relativamente bajos, de $5.000 o $10.000, pero las tasas de interés pueden incrementar de manera considerable el monto final a devolver. Los créditos otorgados mediante tarjetas y billeteras digitales suelen presentar costos superiores a otras alternativas debido al nivel de riesgo asociado a este tipo de financiamiento.
El costo del endeudamiento también aparece al comparar las tasas de los préstamos personales con los rendimientos obtenidos mediante instrumentos de ahorro como los plazos fijos. Cuando las obligaciones se acumulan, aumenta la posibilidad de que los hogares comiencen a registrar atrasos en los pagos y, con ello, se profundicen los niveles de morosidad.
Los gastos inesperados pueden agravar todavía más ese escenario. Una reparación en el hogar, una consulta médica u otra erogación que no estaba contemplada puede alterar el presupuesto de una familia que ya llega a la mitad del mes con pocos recursos disponibles.
La diferencia entre tomar deuda para comprar un bien durable y hacerlo para cubrir gastos que no pueden postergarse muestra además cómo cambió el destino del crédito. Mientras algunas obligaciones están vinculadas con adquisiciones que pueden ser demoradas, alimentos, salud, servicios y tarifas requieren ser afrontados dentro del mes y concentran una parte significativa de los ingresos de los hogares.










