El Brent llegó a superar los US$100 por barril y alcanzó máximos de seis semanas. Durante las primeras operaciones del miércoles, los futuros avanzaban 2,83%, hasta los US$100,69. En tanto, el West Texas Intermediate (WTI) subía 2,34%, a US$95,21, su mayor valor desde comienzos de junio.
Desde el inicio de la guerra con Irán, el 28 de febrero, el Brent llegó a tocar los US$126,41 por barril, máximo registrado el 30 de abril.
La nueva escalada militar incrementó las dudas sobre cuánto tiempo podría mantenerse restringido el suministro de petróleo desde Medio Oriente. Los ataques registrados durante el comienzo de la semana contra instalaciones energéticas de Arabia Saudita provocaron incendios en infraestructura petrolera y aumentaron el temor a una extensión del conflicto.
El escenario también afecta las rutas de transporte de crudo a través del mar Rojo, cuya importancia creció ante las dificultades que ya registra el tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las principales vías para el comercio mundial de petróleo.
Las hostilidades se intensificaron además con nuevos ataques estadounidenses contra petroleros iraníes y acciones de respuesta de Irán contra una base estadounidense en Jordania y distintos buques. Teherán informó que atacó diez embarcaciones próximas al estrecho de Ormuz luego de la destrucción de cinco de sus petroleros por parte de Estados Unidos.
A esto se sumó la reanudación de los enfrentamientos entre Arabia Saudita y los hutíes en Yemen, configurando un segundo frente de conflicto con potencial impacto sobre el suministro energético regional.
Ante este escenario, distintas entidades financieras elevaron sus previsiones para el precio del Brent. Algunas estimaciones ubican el promedio del barril en US$100 durante el cuarto trimestre, mientras que otras proyectan valores de US$90 para 2026 y US$85 para 2027.
También existen escenarios más extremos. Un análisis del mercado energético advierte que una mayor intensidad de los ataques en el Golfo Pérsico y el mar Rojo podría llevar al petróleo por encima de los US$120 por barril. De concretarse, el aumento profundizaría los costos de los combustibles que ya enfrentan los consumidores estadounidenses.
En un escenario de menor tensión, las proyecciones son más moderadas. Una estimación ubica al Brent en US$85 a finales de año y al WTI en torno de US$80, aunque ambos valores representan una revisión al alza de US$5 respecto de las previsiones anteriores.
Entre los factores que podrían limitar la magnitud de la suba aparecen la reducción moderada de las reservas comerciales de combustibles en los países desarrollados y la posibilidad de una recuperación gradual de los envíos de petróleo desde Medio Oriente.
La administración de Donald Trump, por su parte, espera que los precios retrocedan incluso por debajo de los niveles previos al comienzo de la guerra una vez que finalice el conflicto. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sostuvo que el impacto sobre el suministro energético terminará y planteó la posibilidad de que el petróleo se ubique entre US$40 y US$50 por barril en un escenario de mayor oferta.
Otras proyecciones son más cautelosas y contemplan un Brent promedio de US$86 durante el tercer trimestre de 2026 y de US$80 en el cuarto. El argumento principal es que el encarecimiento del petróleo podría comenzar a reducir la demanda.
La tensión sobre los precios de la energía también se trasladó a los mercados. Las bolsas europeas operaban con fuertes bajas: el índice Stoxx 600 retrocedía 1,43%, acompañado por descensos en los principales mercados del continente.
En Wall Street, los futuros anticipaban una apertura negativa. El Dow Jones bajaba 0,67%, el S&P 500 cedía 0,38% y el Nasdaq 100 retrocedía 0,48%. A pesar de las pérdidas de la jornada, los principales índices estadounidenses mantienen avances acumulados importantes durante 2026.
El rendimiento del Treasury estadounidense a diez años también aumentaba y alcanzaba 4,81%, acercándose a máximos de casi tres años. La evolución de los bonos refleja la creciente preocupación de los inversores por el impacto que podría tener el petróleo sobre la inflación y, en consecuencia, sobre la política monetaria.
La atención está puesta ahora en la reunión de la Fed de la próxima semana. El mercado espera que el organismo mantenga sin cambios las tasas, aunque las proyecciones comenzaron a incorporar un escenario de política monetaria más restrictiva.
Los contratos seguidos por los inversores muestran que el 60,2% de las proyecciones apunta a que la tasa permanezca en el rango de 3,75% a 4%, mientras que el 39,8% contempla un nivel de entre 3,50% y 3,75%.
Los próximos datos de inflación serán determinantes para definir esas expectativas. Una inflación superior a la prevista podría reforzar la posibilidad de nuevas subas de tasas, mientras que una moderación de los precios podría favorecer una postura monetaria menos restrictiva.
De esta manera, el petróleo vuelve a ocupar un lugar central en las expectativas económicas globales. La combinación de mayores costos energéticos, tensiones geopolíticas y perspectivas de tasas elevadas mantiene bajo presión a los mercados y aumenta el riesgo de un escenario inflacionario más complejo.










