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La innovadora alianza entre productores, inversores y carniceros que transforma el sector

1 julio, 2026
in Economía
La innovadora alianza entre productores, inversores y carniceros que transforma el sector
“Había carniceros que durante 25 años vendían carne y nunca habían visto cómo se producían los animales en un feedlot”. Esta frase de Rodrigo Bosch refleja una de las problemáticas y, a su vez, una de las oportunidades que enfrenta actualmente la cadena ganadera en Argentina: la desconexión entre el campo, el engorde y el punto de venta. Para abordar esto, se ha implementado en Sacanta, Córdoba, un modelo que une la producción ganadera, la agricultura, el feedlot, el financiamiento de inversores y la comercialización de carne en una estructura integrada. Este esquema también se ha extendido al ámbito bufalino, ofreciendo producción y comercialización de carne de búfalo como una opción más económica en el sector cárnico.

La empresa cordobesa Pretto Agronegocios, donde Bosch cumple el rol de director comercial y socio junto a Mauricio y Mario Pretto, combina recría, engorde a corral y suministro a carnicerías bajo un enfoque de planificación industrial. Adicionalmente, incluye a los llamados “hoteleros”, inversores que adquieren hacienda y la engordan en el feedlot, pagándole por cada kilo producido, con la opción de vender los animales o comercializar directamente la carne.

Según Bosch, las condiciones actuales han favorecido este modelo. Con un maíz relativamente asequible, una reactivación en las exportaciones y un incremento en los precios de la hacienda, el negocio ganadero ha recuperado su atractivo. “La ganadería está en un momento propicio y este sistema de engorde a corral también, porque la relación entre el maíz y el kilo de carne es muy favorable”, afirmó.

El directivo recordó que el productor normalmente genera el animal y lo vende a un frigorífico, y posteriormente interviene otro actor, el abastecedor, que compra y revende a las carnicerías. “Sin embargo, al incorporarme aquí noté que el modelo era diferente; ambas partes de la cadena estaban integradas”, explicó Bosch.

La empresa surgió hace tres décadas como un emprendimiento familiar centrado en la producción y comercialización de carne. “Comenzaron comercializando medias reses y produciendo en el feedlot. El crecimiento y desarrollo de la empresa se han beneficiado en gran medida por su pertenencia al movimiento CREA”, destacó. Son productores, uno de ellos es ingeniero agrónomo y son miembros de CREA.

Hace tres años, Bosch se unió como consultor y luego se convirtió en socio. Desde entonces, su crecimiento ha sido acelerado. “El año pasado llevamos a cabo la primera jornada abierta para mostrar el modelo productivo. Asistieron 100 personas, lo que resultó en la duplicación del área productiva y comercial”, señaló.

El sistema abarca recría, engorde a corral y comercialización. Además, ha incorporado una figura que ha crecido en los últimos años: los “hoteleros”, inversores que adquieren hacienda y la mantienen en el feedlot. “Existen inversionistas que respaldan el negocio comprando animales. Nosotros les ofrecemos el servicio de hotelería y luego tienen la opción de venderlos directamente o comercializarlos con nosotros”, explicó Bosch. Entre esos inversores se encuentran abastecedores, cadenas de carnicerías, productores agrícolas e incluso particulares ajenos al sector que buscan una inversión a corto plazo.

“El animal sigue siendo propiedad del inversor. Eso es fundamental para nosotros”, destacó. El panorama ganadero actual combina varios factores positivos. Por un lado, los precios de la hacienda han mejorado; por otro, el maíz se ha mantenido accesible, lo que es crucial para el negocio del feedlot.

“La ganadería presenta una buena oportunidad y este sistema de engorde a corral también, ya que el maíz está asequible. La relación entre el kilo de maíz que necesito para producir un kilo de carne es muy favorable”, afirmó. El cálculo es claro. “Sabemos que producir un kilo de carne requiere, en promedio, ocho kilos de maíz”, especificó.

Esta información permite proyectar costos y hasta vender carne en el futuro. “Conozco el valor del ternero y el costo del maíz. Lo único que desconozco es cuánto valdrá el gordo en 200 días”, resumió. La empresa trabaja con animales que ingresan al feedlot con un peso de 180 kilos y salen listos para faena con alrededor de 380 kilos tras unos 200 días de engorde.

Bosch indicó que la combinación de agricultura y ganadería ha generado nuevas oportunidades para muchos productores agrícolas, especialmente tras la sequía y la plaga de chicharritas. “Cuando eso ocurrió, varios productores tenían maíz que no podían exportar debido a problemas de calidad. Se pagaron con maíz, y nosotros compramos la hacienda a su nombre, resolviendo así el inconveniente. Lo que comenzó como una solución se convirtió en una oportunidad”, relató.

Actualmente, la empresa consume alrededor de 8000 toneladas de maíz al año. Parte de ello es producido por ellos mismos y otra parte proviene como forma de pago de los productores agrícolas. “Estos agricultores venden el maíz a precio completo aquí, en lugar de llevarlo a Rosario con descuentos comerciales. Los ingresos que obtienen pueden duplicar su rentabilidad agrícola”, aseguró.

Para Bosch, la reactivación de la exportación de carne como motor de demanda ha transformado completamente el negocio. “Se le ha abierto un nuevo camino al productor, el de la exportación, que había estado cerrado durante años. El mercado internacional está demandando una gran cantidad de carne”, afirmó.

El reto ahora es producir más para satisfacer tanto la demanda interna como la externa. “Durante años se restringió la exportación y en las últimas dos décadas no hemos aumentado la cantidad de cabezas. Hace 20 años había tres vacas por habitante; hoy hay una. La población humana ha crecido, pero la de ganado no”, subrayó.

Desde su perspectiva, hay dos estrategias para incrementar la oferta de carne: retener más hembras y aumentar el peso de los animales en faena. “En el mercado interno, los animales se faenan con un peso de 370 o 380 kilos. Si se eleva a 400 o 450 kilos, se aumenta un 30% el volumen de carne”, indicó. Utilizó como referencia a Estados Unidos, donde se faenan animales de 600 kilos para consumo interno. “Esto permitiría abastecer mejor al mercado interno, evitando que los precios sean tan altos para los consumidores y las carnicerías”, afirmó.

A su juicio, la cadena cárnica está atravesando un proceso de profesionalización obligado. “Los beneficios que brindaba la inflación, las devaluaciones y las tasas negativas ya no existen. Toda la cadena requiere eficiencia. Hoy, la eficiencia depende de costos y escala. Antes, una carnicería de barrio con cinco medias reses era rentable; hoy ese número está al límite y observamos el cierre de pequeñas carnicerías”, comentó.

La empresa también ha comenzado a explorar modelos de integración comercial con abastecedores y cadenas de carnicerías. “Estamos trabajando para venderles la media res con cuatro meses de anticipación y fijar precios”, destacó.

Otro de los negocios que han comenzado a desarrollar es el engorde y comercialización de búfalos, donde hace dos años “identificaron una oportunidad”. En este caso, la ventaja económica radica en el menor costo inicial del animal. “Se comienza con una materia prima más económica, lo que permite una diferencia de cerca del 20% respecto de la carne vacuna”, señaló. La empresa inició comprando 300 búfalos para explorar el mercado y ahora asegura que la demanda está en crecimiento. “Estamos produciendo una proteína a menor costo que presenta características muy buenas: es más magra y contiene más hierro”, explicó.

Bosch aseguró que, en ocasiones, el consumidor ni siquiera nota la diferencia entre ambos productos. “Si pones carne de búfalo al lado en una degustación, es difícil distinguirla. El desafío consiste en proteger la marca de carne de búfalo y garantizar la calidad del proceso”, aseguró.

Más allá del caso de esta empresa, la propuesta busca rediseñar el sistema productivo del país. “No se trata de agricultura o ganadería, sino de integrar ambos modelos de negocio. Argentina tiene que transformar más proteína vegetal en animal, ya que es lo que actualmente demanda el mundo”, concluyó.

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