Este panorama se desarrolla en un contexto de crecimiento en la producción de leche y concentración de la actividad primaria, con un aumento de participación de los tambos de mayor escala en el volumen total producido.
El cierre de tambos se ha convertido en una tendencia constante. Según los datos de abril, en un periodo de 30 días, cesaron operaciones 32 unidades productivas.
A pesar de que el número de vacas en producción también ha disminuido con respecto al año anterior (un 0,25%), la desaparición de tambos ha llevado a una mayor cantidad de animales por unidad productiva, pasando de 173 a 177 (un incremento del 2,3%).
Sin embargo, la producción de leche sigue en ascenso. De acuerdo con el reporte del OCLA, en mayo se alcanzaron los 915,6 millones de litros, lo que equivale a un aumento del 10,7% en comparación con abril y del 2% en la comparación interanual. Así, en el acumulado de los primeros cinco meses del año, se observa una variación positiva del 6%, con proyecciones que sugieren un cierre con un incremento entre el 3,5% y 4%.
Este crecimiento es impulsado en gran medida por los grandes tambos, lo que lleva a un proceso continuo de concentración en la producción.
Según el OCLA, en 2010, los establecimientos que producían menos de 2.000 litros diarios representaban el 27% del volumen total de leche y eran el 60% de las unidades productivas, mientras que aquellos que producían más de 10.000 litros apenas constituían el 1% de los tambos, generando solo el 5% de la producción nacional.
Hoy la situación es diferente. Aunque los tambos pequeños siguen siendo predominantes, su participación en la producción total ha caído al 15,4%, mientras que la de los grandes tambos ha aumentado al 29,4%.
Jorge Giraudo, director ejecutivo del OCLA, afirmó que este proceso de concentración en unidades de mayor tamaño es un fenómeno global que en Argentina “no se va a detener, sino que se va a acelerar cada vez que los problemas extremos, tanto económicos, del mercado internacional o climáticos se exacerben, ya que los tambos grandes están mucho más protegidos”.
Giraudo explicó que en situaciones climáticas adversas, los tambos más grandes pueden mantener sus vacas en mejores condiciones al proporcionarles alimento, sombra y refrigeración, lo que les permite alcanzar su potencial genético. Actualmente, el promedio de producción de leche por vaca en el país es de 22 a 23 litros diarios, mientras que la genética cultivada durante los últimos 50 años podría llegar a 35 o 40 litros. Según Giraudo, los tambos exitosos en la actualidad producen entre 30 y 40 litros por vaca, lo que les permite mantener rentabilidad a pesar de los costos estructurales.
Por su parte, Jorge Olmedo, integrante del CREA Gelas (Región Este) y del CREA Tamberos Robóticos, subrayó que, aunque se está notando un proceso de cierre de tambos y concentración, en Argentina la tasa de cierre de unidades productivas es inferior en comparación con otros países lecheros. “Es un país que ha desarrollado la lechería en un ambiente tan inestable, y sus miembros muestran una capacidad de resiliencia que no se observa en otros lugares”, expresó Olmedo.
Asimismo, mencionó que en CREA hay productores de diversas escalas, y aunque reconocen estas tendencias, no todos los tambos pequeños o familiares carecen de eficiencia y competitividad. “Muchos de nuestros miembros demuestran diariamente que, si bien la escala es importante, también se pueden desarrollar sin necesidad de ser grandes”, afirmó Olmedo, aunque reconoció que este camino puede ser más complicado. Aseguró que hay numerosos casos de éxito que evidencian que es factible operar de manera eficiente sin tener una gran escala. Para concluir, indicó que este año es complicado, ya que en términos reales, la facturación se encuentra aproximadamente un 10% por debajo del año pasado, enfrentando el sector una crisis con pérdidas.










