A fines de septiembre de 2026, el clima en la concentración portuguesa era optimista. Tras una participación aceptable en el Mundial de ese año, en el que el equipo quedó eliminado en octavos de final al perder con España en tiempo de descuento, Ronaldo se presentó ante el flamante seleccionador, Jorge Jesus. Le aseguró que estaba dispuesto a aceptar las directivas tácticas, incluida la posibilidad de que administraran sus minutos en cancha. El entrenador, de 72 años, lo confirmó como una pieza importante, aunque con la condición implícita de cuidar su estado físico.
El conflicto estalló en Oslo, durante el partido de la Liga de Naciones de la UEFA contra Noruega. Según personas cercanas al futbolista, antes del encuentro se había acordado que empezaría como suplente y entraría para jugar los últimos 30 minutos.
Jesus le indicó al capitán que hiciera movimientos de precalentamiento durante todo el segundo tiempo. Pero el partido terminó con una victoria portuguesa por 2 a 1 y el histórico número 7 no llegó a pisar la cancha. La escena, vista en todo el mundo, desató la furia del delantero. Ronaldo se retiró con gestos de evidente enojo y no se sumó a los festejos de sus compañeros con los hinchas que habían viajado.
Cuando el plantel llegó a Copenhague para preparar el siguiente partido, la Federación Portuguesa de Fútbol, encabezada por Pedro Proença, intentó reparar el daño. En una reunión de emergencia se redactó un documento de consenso. El entrenador reconocería públicamente que se había equivocado al manejar los cambios y al desgastar a un futbolista de la trayectoria del exjugador del Real Madrid.
La tregua duró apenas unas horas. En la conferencia de prensa oficial, Jorge Jesus decidió no respetar el acuerdo. Reivindicó su autoridad y dijo que era él quien decidía quién jugaba y quién no. También justificó que Ronaldo no hubiera ingresado al señalar que el delantero no se entrenaba al mismo ritmo durante los primeros días posteriores a los partidos de la liga árabe.
Al enterarse de que el técnico no había cumplido su palabra y que, además, había adoptado una actitud que Ronaldo consideró “agresiva e injustificada”, el goleador tomó una decisión drástica: abandonó de manera repentina la concentración de Portugal en Dinamarca. Se subió a un avión privado rumbo a España sin la autorización de la delegación oficial.
En su cuenta de Instagram, el astro publicó un primer mensaje: “A su debido tiempo, contaré la verdad a todos los portugueses sobre los motivos que me llevaron a abandonar la selección”. La federación respondió con rapidez para respaldar la autoridad del seleccionador. El 10 de octubre le abrió un expediente disciplinario urgente y le impuso una suspensión preventiva y una multa económica. Más tarde, Ronaldo publicó una carta en la que pidió disculpas a los hinchas por la forma en que se había marchado, pero dejó planteado un ultimátum: no volvería mientras Jorge Jesus siguiera en el cargo.
Finalmente, el futbolista publicó un descargo con su versión de los hechos, sobre el que Jorge Jesus prefirió no hacer declaraciones. Ronaldo cuestionó el trato que había recibido del entrenador, aunque aceptó la responsabilidad por su conducta. Sobre el técnico, fue tajante: sostuvo que no “cumplió su palabra” y afirmó que, en la conferencia de prensa que precipitó su salida de la concentración portuguesa, escuchó “expresiones y agresividad que no creo que estuvieran justificadas”.
Ese comunicado marcó el final de su vínculo con la selección de Portugal, hasta que la dirigencia intentó propiciar una reconciliación. Aunque Ronaldo fue incluido en una prelista de 50 futbolistas para los partidos contra Dinamarca y Gales, optó por cortar la relación de manera definitiva.
A través de sus redes oficiales, el futbolista publicó un video emotivo, de cinco minutos, para anunciar formalmente su retiro de la selección. Visiblemente conmovido, se despidió con palabras directas:
“Ha llegado el momento de colgar y devolver la camiseta número 7 de nuestra selección. Nunca la sentí como exclusivamente mía, pero durante 23 años tuve el privilegio y la responsabilidad de vestirla. Hoy llega el momento de entregarla al futuro”.
El delantero, máximo goleador histórico de Portugal, con 146 tantos en 234 partidos internacionales, aseguró que se marcha con la frente en alto y orgulloso de haberle dado a su país una Eurocopa y dos títulos de la Liga de Naciones. Así cerró el capítulo más glorioso de su carrera deportiva, bajo un telón empañado por la polémica.










