La celebración de la Natividad de la Virgen María es fundamental para la Iglesia Católica, ya que rememora el nacimiento de quien sería la madre de Jesús. Esta festividad refleja la alegría de los creyentes por la llegada al mundo de María, considerada clave en la historia de la humanidad. Su nacimiento simboliza, para muchos, el primer gesto divino hacia la salvación de la humanidad a través del Mesías. Esta fecha se establece exactamente nueve meses antes de la celebración de la Inmaculada Concepción, que tiene lugar el 8 de diciembre, siguiendo el cálculo tradicional del periodo de gestación.
Los Evangelios no brindan detalles precisos sobre las condiciones, el lugar ni la fecha del nacimiento de María. Sin embargo, el Protoevangelio de Santiago menciona a sus padres, Joaquín y Ana, aunque sin ofrecer una fecha exacta. Tras la Asunción de la Virgen, diferentes tradiciones comenzaron a rendir homenaje a la Santa Madre en su nacimiento. Hoy en día, esta festividad busca celebrar la vida de María y reflexionar sobre su rol en el plan divino. Su llegada al mundo es considerada, por parte de los creyentes, un motivo de esperanza y alegría debido a que sería la madre del catolicismo.
La oración para esta ocasión es la siguiente: Padre Celestial, Tú has querido que en María se reflejase tu amor. ¡Gracias por habernos dado una madre tan perfecta! Ella es para nosotros una nueva revelación de todos los tesoros de bondad que se encuentran escondidos en tu corazón paterno, nos muestras hasta qué punto Tú eres bueno y dulce en tu amor. Con su ternura y su solicitud, ella nos hace conocer el afecto delicado y vigilante que te une a Tí con nosotros, puesto que toda la fuerza de tu amor materno desciende a ella de tu corazón de Padre. En María no hay nada que no le haya sido dado expresamente por Tí: ella trae a nosotros tu imagen, nos hace descubrir tu rostro de amor. Sin el consuelo de su presencia y la continuidad de sus atenciones, nos faltaría una de las pruebas más evidentes de que Tú estás continuamente cercano a nosotros, para sostenernos, consolarnos y protegernos. Su mirada bondadosa y su inmensa piedad para con los pecadores, como somos nosotros, nos invitan a creer que tu misericordia es inconmensurable y que no se deja vencer por la ingratitud y por la maldad. María nos muestra cómo Tú nos amas y nos impulsa a confiarnos completamente a tu amor. ¡Te damos gracias porque te agrada manifestarte y darte a nosotros a través de ella! Amén.










