Y hay resignación en los hinchas. Demasiada. La despedida fue con silbidos y no mucho más. Los que se quedaron hasta tarde, incluso, ovacionaron una y otra vez al chico Beltrán. En otros momentos, la cancha se hubiese venido abajo. Tal vez los riverplatenses no esperaban mucho del equipo. O del entrenador. O de la Comisión Directiva, que recibió insultos en el hall.
No liga River, además. Porque mereció ganar. Hasta que Lucas Martínez Quarta, al que habían silbado durante el partido, metió una mano para que Santa Fe se encontrara con un empate que no merecía. Fue sobre el final y después llegó la lotería de los penales, en la que Rafael Santos Borré tuvo la clasificación en sus pies, aunque todos en el Monumental sabían que el colombiano lo iba a fallar.
Con tibios aplausos despidió el público a los jugadores cuando el árbitro uruguayo Esteban Ostojich decretó el final de la primera parte. Y eso marca algo porque el resultado fue empate sin goles, algo malo para el local. ¿Quiere decir entonces que River hizo bien las cosas en esa etapa inicial? No: quiere decir que jugó menos mal de lo que lo venía haciendo. Mereció irse al descanso en ventaja el elenco de Núñez, pero el poco peso en el área, la mala puntería y algunas buenas atajadas de Weimar Asprilla provocaron que mantuviera la valla invicta para la visita.
No se guardó nada Coudet ni cuidó a los que llegaron con poco rodaje al crucial duelo con Santa Fe. Así, aparecieron entre los titulares Sebastián Driussi y Marcos Acuña, a quienes se los notó disminuidos físicamente, especialmente al Huevo. Algo similar ocurrió con Thiago Almada, pero ya se hablará de él.
Plantó su dibujo predilecto el Chacho: 4-1-3-1. Y pudo poner en cancha lo que soñó cuando le fueron avisando los refuerzos que cerraba River, con Nicolás Otamendi como líder de la defensa, con un Aníbal Moreno fresco para recuperar en el medio, con Almada y Ángel Correa como distintos y con Driussi como terminador. Salió con ímpetu el local, con deseos de darle una alegría a su gente. Estuvo a nada de festejar Driussi a los 45 segundos. El Gordo tuvo otra a los 4 minutos y Asprilla le atajó un tiro libre a Almada y un disparo lejano a Correa. Pero la furia se le apagó temprano a River.
La idea de River fue ganar rápido el campo rival y acumular pases entre líneas. Almada y Correa brillan en esos recibimientos. Montiel generó la amplitud y Acuña no pudo hacerlo. Así, el local se repitió por derecha: casi todas las llegadas de la primera parte (8) se gestaron en ese sector.
En el complemento, el local encontró el gol de Driussi tras un buen desborde de Gonzalo Montiel, que después salió, en principio, con una molestia. Si no pidió salir, se trata de otro error garrafal del DT.
Se metió un poquito atrás River, aunque no de manera deliberada. Dejó de atacar, eso sí. Un pecado que no se puede permitir en Núñez. Debió ir por otro tanto el local para ahuyentar fantasmas. Y para que Martínez Quarta no se chocara la pelota con la mano y le entregara el empate a los colombianos.
Llegaron los penales eternos. Y la noche de la ignominia en la que Beltrán hizo lo que pudo.
Y la pregunta que interpela: ¿quién se hace cargo en River del semestre de papelón?
Redactor de la sección Deportes muria@clarin.com
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