Dicha técnica devuelve a las almohadas su color original sin necesidad de invertir en productos costosos. El truco consiste en actuar con prontitud y prestar atención al proceso de secado, un paso fundamental que a menudo se pasa por alto.
Durante la noche, el cuerpo libera sudor y pequeñas cantidades de humedad que penetran a través de la funda y alcanzan el interior de la almohada. Con el paso del tiempo, estas sustancias se oxidan y provocan las típicas manchas amarillas.
A este proceso se añaden los aceites naturales de la piel, cremas, maquillaje y productos para el cabello que pueden quedarse en la almohada. Por esta razón, incluso utilizando funda, es común que las almohadas adquieran un tono amarillento tras varios meses de uso.
Una solución efectiva es recurrir al bicarbonato de sodio y al jabón líquido para ropa, dos elementos que habitualmente se encuentran en los hogares.
Antes de proceder, es vital revisar las instrucciones de la etiqueta de la almohada para verificar si es apta para lavar a máquina y a qué temperatura. Esto reviste especial importancia en almohadas de plumas, viscoelásticas o fabricadas con materiales delicados.
Si se permite el lavado, se sugiere añadir una pequeña cantidad de detergente junto con bicarbonato de sodio al lavarropas. Posteriormente, hay que elegir el ciclo y la temperatura que indique el fabricante.
Para manchas específicas, se puede elaborar una pasta con bicarbonato y un poco de agua, aplicarla sobre la zona afectada y dejar actuar unos minutos antes de proceder al lavado.
El secado es crucial tras el lavado. Es esencial garantizar que la almohada se seque completamente antes de su uso, ya que la humedad en su interior puede ocasionar olores desagradables y perjudicar el relleno. Cuando el material lo permita, es recomendable secarla en un área ventilada y asegurarse de que el centro esté libre de humedad. No es aconsejable guardar una almohada húmeda en su funda o en el placard.
Para preservar la limpieza de las almohadas por más tiempo, lo ideal es utilizar una funda protectora debajo de la funda habitual. Esta capa adicional ayuda a minimizar el contacto directo entre la transpiración y los aceites de la piel con el relleno.
Es también fundamental lavar las fundas con frecuencia y seguir las instrucciones de lavado de cada almohada. Asimismo, ventilar las almohadas periódicamente —sacándolas de la cama y permitiendo que el aire circule— ayuda a disminuir la acumulación de humedad y a prevenir la reaparición de manchas.










