El organismo eclesiástico ha señalado las preocupaciones sobre las consecuencias de la reforma migratoria implementada por la administración nacional, indicando que esta normativa crea “una situación de vulnerabilidad” para las personas extranjeras que residen en el país. A su vez, argumentaron que “la incertidumbre en los procesos de regularización y el cambio de categorías generan un temor constante a la expulsión, obstaculizando el acceso a derechos fundamentales como el documento de identidad, la salud, la educación y el trabajo digno”.
Asimismo, los representantes de la Iglesia expresaron su inquietud ante el “aumento del rechazo infundado y arbitrario hacia las personas migrantes en la frontera”, así como ante los operativos de control migratorio que, según indicaron, parecerían en algunos casos responder más a una estrategia de comunicación política que a la acción de un estado que garantice derechos.
Los prelados recalcaron que, “en estos tiempos, marcados por una realidad cada vez más compleja, el acceso a un trabajo digno se vuelve difícil de alcanzar para las grandes mayorías”, y señalaron además que existe “una creciente dificultad de acceder a un servicio de salud de calidad para las familias, situación que resulta aún más desesperante para las personas con discapacidad”.
Además, la Pastoral abordó las problemáticas laborales de quienes se trasladan hacia los principales polos productivos del país, como las zonas de explotación de hidrocarburos no convencionales y el sector portuario, donde muchos buscan trabajos rápidos y se encuentran con “un escenario hostil y muchas veces expuestos a abusos de todo tipo”.
En respuesta a esta situación, el sector eclesiástico se comprometió a “seguir caminando juntos en la construcción de planes para la atención pastoral de las familias migrantes”, buscando que “las comunidades no sean lugares de acogida asistencial, sino espacios integrales que protejan la dignidad humana y fomenten la ‘cultura del encuentro’ frente a la del descarte”, lo que implica reconocer al migrante “no como una carga, sino como una persona con dones que enriquece a la comunidad”.
De manera complementaria a este documento emitido por la Pastoral, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, volvió a hacer un llamado por el “respeto a la diversidad” durante una misa celebrada en la Catedral Metropolitana. En su homilía, instó: “Pidamos hoy especialmente por nuestra ciudad de Buenos Aires como dijimos de la Santísima Trinidad por todos sus ciudadanos y pidamos también por todo nuestro país para que aprendamos a vivir en comunión, para que aprendamos a vivir como una gran familia donde sepamos respetar la diversidad, donde sepamos dialogar entre nosotros porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, a Él nos tenemos que parecer, ese es nuestro compromiso y ese tiene que ser nuestro testimonio. Anunciar al mundo que hay un Dios que nos ama con locura y que nos hace hermanos.”









