Sin embargo, economistas críticos de este enfoque sostienen que la inflación persiste pese al deterioro de los ingresos y al estancamiento de la actividad económica. Christian Buteler, economista y consultor, afirmó que los salarios pueden mejorar cuando la productividad de cada sector lo permite y cuestionó que se responsabilice a las remuneraciones por la evolución de los precios.
“Hoy hay inflación a pesar de que los salarios crecen por debajo de la inflación y una economía estancada”, señaló Buteler. El economista también cuestionó la idea de que los aumentos salariales sean necesariamente un factor inflacionario y sostuvo que la contención de los ingresos no ha conseguido eliminar las presiones sobre los precios.
El deterioro salarial se refleja en distintos indicadores. Según datos del Instituto MATE citados en el planteo, los ingresos del sector privado formal cayeron entre un 3% y un 5%, mientras que los salarios públicos registraron una pérdida cercana al 20% respecto de 2023. Por su parte, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) informó que el Salario Mínimo, Vital y Móvil sufrió una caída de casi el 41%.
Frente a este escenario, Buteler descartó que la solución pase por disponer aumentos salariales generalizados por decreto y propuso analizar mecanismos que permitan mejorar los ingresos sin generar un incremento equivalente de los costos empresariales. En ese sentido, defendió las negociaciones paritarias libres y consideró que pueden acompañarse de mejoras en la productividad.
Una de las alternativas que planteó consiste en reducir temporalmente los aportes personales destinados a la obra social y la jubilación, que representan aproximadamente el 17% del salario bruto según su estimación. La propuesta busca que una parte mayor de los ingresos llegue directamente al trabajador, sin incrementar en la misma proporción el costo laboral para el empleador.
Buteler sostuvo que la reducción podría aplicarse durante un período limitado, por ejemplo, un año, y luego revisarse en función de la evolución de los ingresos. También argumentó que el Estado podría compensar la merma inicial de esos aportes mediante la recaudación de otros impuestos. La medida, aclaró, no constituiría una solución estructural, sino una respuesta transitoria para aliviar la pérdida de poder adquisitivo.
El planteo se da en un contexto de dificultades para distintas actividades económicas. Mientras sectores como el agro, la minería, el petróleo y la intermediación financiera muestran un desempeño diferente, la industria manufacturera y el comercio figuran entre las actividades afectadas por la caída de la actividad y el empleo.
En paralelo, un informe de Fundar citado en el texto señala que desde el inicio de la gestión de Milei cerraron 32.290 empresas. El artículo también menciona una pérdida superior a los 350.000 puestos de trabajo formales durante el mismo período, un dato que requiere corroboración antes de su publicación.
Según Buteler, una mejora directa de los ingresos podría trasladarse al consumo, en lugar de destinarse al ahorro, y contribuir a aliviar las dificultades de los hogares para llegar a fin de mes. La discusión, en definitiva, gira en torno a cómo recuperar el poder adquisitivo sin profundizar los costos de las empresas ni alimentar nuevas presiones inflacionarias.










