Rojas relató su experiencia personal: “En el año 1985, el 13 de noviembre, una avalancha de lodo y piedras de un volcán destruyó mi pueblo, Palmero, en Tolima. 25.000 personas murieron. Perdí todo lo que tenía físicamente, perdí muchas personas conocidas y eso me marcó para entender lo que significan este tipo de condiciones. A través de la vida me fui formando, investigando, acompañando el proceso de miles de personas y por eso lo aprendí de una manera dual: con la academia y la naturaleza”. El médico ofreció tres ejercicios esenciales que abordan la postura corporal, la respiración y el diálogo interno.
Con base en su vivencia, Rojas enfatizó la relevancia del diálogo interno, que incluye tanto nuestras palabras como nuestra postura física. “Esta es la raíz del diálogo interior, mi postura corporal. Todo lo que mi cuerpo le dice al cerebro es un diálogo interior. Entonces, si yo estoy mal, lo primero que hay que preguntarse es: ¿cómo estoy colocado?”.
El especialista subrayó que “la postura corporal es lo esencial para enfrentar una dificultad en la vida”. Aseguró que, después de una experiencia traumática, el consuelo verbal carece de eficacia ante la necesidad de acciones físicas. Además, advirtió que si el miedo persiste tras varias semanas de la emergencia, este se convierte en una hipervigilancia. “Si no trabajamos el cuerpo, no nos vamos a sentir bien”, añadió, instando a mantener una postura erguida y evitar inclinar la cabeza.
El segundo ejercicio se centra en la manera de hablarse a uno mismo. Rojas destacó que la mejor forma de calmarse es susurrándose palabras amables. “¿Quién nos habló en susurro? El papá, la mamá, la abuelita, el abuelito. Cuando alguien me habla en susurro, yo no tengo cómo defenderme”. Un diálogo interno positivo es clave para la tranquilidad: “Cuando a ti te hablan de manera positiva, tu respuesta se da sin ningún esfuerzo”. Recomienda decirse suavemente que todo estará bien, incluso en situaciones difíciles.
Finalmente, el tercer elemento significativo es la respiración. Rojas explicó que los patrones de pensamiento afectan la respiración y viceversa. “Si yo pienso de una manera, respiro de una manera. Como respiro, pienso y como pienso, respiro. Entonces, como no podemos cambiar el pensamiento porque nos agobia, podemos cambiar la respiración”. Aclaró que respirar por la boca indica una reacción de supervivencia, mientras que la respiración nasal y diafragmática tiene otro significado. Mantener un ritmo de menos de seis respiraciones por minuto ayuda a inducir una sensación de calma, en oposición a las 20 o 30 respiraciones típicas en momentos de ansiedad.
El ejercicio de respiración recomendado incluye el “suspiro fisiológico”: una doble inspiración seguida de una exhalación larga por la boca. Debería finalizar con una sonrisa y la punta de la lengua contra el paladar, lo cual, según Rojas, genera un cambio notable en la sensación corporal. “Si lo hacemos tres veces, esto rompe un momento de ansiedad. Y vean lo que siente su cuerpo cuando lo hace, 30 segundos después aparece una respuesta natural de calma”, indicó. “Lo que más le importa al cerebro es el diálogo interior, que es: ¿cómo me hablo? ¿cómo respiro? y ¿qué postura tengo?”, concluyó el especialista.
Finalmente, se recomienda consultar guías que ofrecen consejos de expertos sobre cómo actuar ante diversos problemas cotidianos, como adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying y trastornos de la conducta alimentaria.










