Durante la conversación, Rolón ahondó en el impacto de los mandatos y las expectativas ajenas, lo que en psicoanálisis se conoce como superyó, y que representa un obstáculo para la realización del deseo auténtico. “La peor de las condenas posibles es que te olviden; no hay otra muerte que el olvido”, recalcó el autor, destacando que el legado de una persona se encuentra en los vínculos y en la huella que deja en quienes la han querido.
Esta reflexión sobre la mortalidad y la trascendencia es el eje central de su obra: La Felicidad, donde el psicólogo sostiene que, aunque el ser humano nace con una carencia, es en el presente, en la eternidad del aquí y ahora, donde se define la verdadera capacidad de construir momentos significativos.
El autor también cuestionó la obsesión cultural por la esperanza y la fe como mecanismos que, a veces, sirven para eludir la responsabilidad individual. En sus propias palabras, “ser feliz implica una responsabilidad muy grande”, ya que implica aceptar la propia mortalidad y las heridas del pasado sin caer en la melancolía ni en la idealización del futuro.
Además, advirtió sobre la trampa de intentar reemplazar las ausencias —como la pérdida de un progenitor— con nuevas relaciones, argumentando que las personas que llegaron a la vida de un individuo ofrecen desafíos, pero no sustituyen lo que se ha perdido.
En este contexto, el amor es descrito por el escritor como “ese invento maravilloso para engañar por un rato a la muerte”, subrayando la relevancia de la ética en las relaciones: amar implica ceder un poder sobre uno mismo, siendo la sanidad la renuncia consciente a utilizar ese poder para hacer daño al otro.
Referente a la terapia y al papel del psicoanalista, Rolón explicó que su función consiste en ayudar al paciente a modificar su destino para que no se convierta en esclavo de las expectativas de otros.
La felicidad, según su perspectiva, también representa un acto de valentía que exige la capacidad de introspección sin experimentar vergüenza. “Yo soy alguien que no está dispuesto a quedarse un solo día al lado de alguien que ya no ame”, ejemplificó al reflexionar sobre sus decisiones y su continua búsqueda por desentrañar su enigma personal.
En su rol como analista, Rolón invita a abandonar la comodidad de los lugares comunes y a confrontar la incomodidad que implica indagar en el propio deseo y la propia finitud, reconociendo que la felicidad es un instante efímero que merece vivirse intensamente en el presente.










