El nuevo escenario abre una oportunidad para el sector bancario, que durante los últimos meses enfrentó un menor dinamismo del crédito, un aumento de los incumplimientos y una caída de la rentabilidad. Sin embargo, también incorpora un riesgo: el financiamiento en dólares a empresas cuyos ingresos están principalmente denominados en pesos puede generar un descalce cambiario.
Los datos disponibles sobre la evolución del crédito muestran que la cartera irregular del sector privado disminuyó 0,1 puntos porcentuales en junio y se ubicó en 7,6%. El movimiento podría indicar que la morosidad alcanzó un punto de estabilización después del deterioro registrado durante el último año y medio.
De todos modos, la mejora todavía es limitada. La reducción del indicador no obedeció a una caída nominal de los préstamos impagos, sino a que el volumen total de créditos aumentó a un ritmo superior al de la cartera irregular. Por lo tanto, la baja del ratio no implica necesariamente una mejora efectiva en la situación financiera de los deudores.
En el segmento de familias, la morosidad permaneció en 12,8%. Los atrasos en tarjetas de crédito bajaron del 13,1% al 12,6%, aunque los préstamos personales registraron un nuevo deterioro y alcanzaron una irregularidad del 16,4%, frente al 15,9% de mayo.
También aumentó la mora de los préstamos prendarios, que pasó de 7,7% a 7,9%, mientras que la correspondiente a los créditos hipotecarios se mantuvo prácticamente estable.
La situación del sector corporativo presenta un panorama más contenido. La cartera irregular de las empresas permaneció en 3,5%, aunque se registraron incrementos en construcción, comercio e industria manufacturera. Parte de ese deterioro fue compensado por una mejora en las actividades de producción primaria.
Otro indicador elaborado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), que busca anticipar la proporción de créditos actualmente al día que podría convertirse en irregular, bajó al 2,6% y regresó al nivel registrado en abril.
La eventual estabilización de la mora coincide con una modificación relevante en las condiciones para otorgar préstamos en dólares. El nuevo régimen permite que los bancos destinen hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera al financiamiento de empresas que no generan ingresos en dólares.
La regulación busca ampliar el universo de compañías que pueden acceder a este tipo de financiamiento. Hasta ahora, las normas establecidas después de la crisis de 2001 habían restringido principalmente estos préstamos a exportadores o empresas con capacidad recurrente de generar divisas, con el objetivo de reducir el riesgo derivado de que una compañía facture en pesos y deba pagar una deuda en dólares.
El BCRA comenzó a flexibilizar estas condiciones en junio de 2026 y habilitó préstamos a empresas sin ingresos directos en moneda extranjera cuando contaran con garantías en dólares otorgadas por exportadores. Posteriormente, el DNU 736/2026 amplió el alcance de la medida y permitió que los bancos destinen hasta el 15% de sus depósitos en dólares a empresas que no tengan capacidad propia de generar divisas.
La reforma también establece mayores exigencias prudenciales. Los créditos bajo este esquema tendrán un requerimiento de capital 25% superior al correspondiente a operaciones similares, computarán 1,25 veces para los límites de concentración y obligarán a las entidades a evaluar la capacidad de pago de las empresas frente a eventuales variaciones del tipo de cambio. Además, los fondos deberán liquidarse a través del mercado oficial.
El sistema bancario cuenta actualmente con un volumen significativo de liquidez en moneda extranjera. La relación entre préstamos y depósitos en dólares se ubica cerca del 62%, frente al 54% registrado un año atrás, lo que muestra que todavía existe una parte relevante de los depósitos en dólares que no fue transformada en créditos.
El financiamiento en moneda extranjera también está creciendo a mayor velocidad que el crédito en pesos. Los préstamos en dólares aumentaron alrededor de 36% durante 2026 y 66% interanual, mientras que los créditos en pesos avanzaron aproximadamente 14% en el año y 32% interanual en términos nominales.
Al 20 de agosto, los préstamos privados totalizaban $141 billones y registraban una expansión interanual del 40%. Los depósitos privados, en tanto, alcanzaban $179 billones, con un crecimiento del 37%.
Estos números se producen en un contexto de desaceleración del crédito. El crecimiento interanual de los préstamos pasó de un máximo cercano al 240% en 2024 a alrededor del 40% en agosto de 2026. Las propias entidades también redujeron sus previsiones de expansión: Banco Macro proyecta ahora un crecimiento real de entre 2% y 5%, mientras que Grupo Financiero Galicia y Supervielle esperan una expansión de entre 10% y 15%.
El financiamiento en dólares podría aportar parte del dinamismo que perdió el crédito en general, aunque su alcance será limitado. La evolución del financiamiento dependerá también de la disponibilidad de crédito en pesos, la generación de capital y la continuidad del marco macroeconómico.
Entre los principales bancos, Grupo Financiero Galicia aparece como una de las entidades con mayor capacidad para aprovechar la flexibilización, debido al volumen de depósitos en moneda extranjera que posee. Cuenta con aproximadamente US$8.400 millones, frente a US$3.300 millones de Banco Macro y US$1.200 millones de Supervielle.
Si Galicia utilizara el límite completo del 15%, podría incorporar cerca de US$1.258 millones a su cartera de créditos, equivalente al 7,6% de sus préstamos totales. Banco Macro tendría capacidad para sumar unos US$491 millones, alrededor del 6,2% de su cartera, mientras que Supervielle podría colocar aproximadamente US$186 millones adicionales, equivalentes al 6,4% de sus créditos.
En términos absolutos, la capacidad potencial de Galicia sería unas 2,5 veces superior a la de Banco Macro. Además, los depósitos en dólares representan cerca del 50% del total de depósitos de Galicia, frente al 33% en Banco Macro y el 31% en Supervielle.
La entidad también aceleró durante el segundo trimestre sus préstamos en moneda extranjera. Su cartera en dólares aumentó 22% respecto del trimestre anterior, por encima de los incrementos registrados por sus principales competidores, que se ubicaron entre 8% y 14%.
El nuevo esquema regulatorio, por lo tanto, abre una posibilidad de expansión para el crédito bancario en dólares en un momento en que el financiamiento total comenzó a perder velocidad. Al mismo tiempo, la evolución de la morosidad será un indicador clave para determinar si la señal de estabilización observada en junio puede transformarse en una recuperación sostenida de la calidad de las carteras.










