La estrategia implica medir el agua disponible en el suelo, seguir la evolución de las napas, conocer el relieve y las características de cada lote y actualizar las decisiones a partir de pronósticos de corto plazo. El objetivo es aprovechar las oportunidades que puede generar El Niño y, al mismo tiempo, reducir los riesgos asociados a los excesos hídricos.
Natalia Gattinoni, investigadora del INTA, planteó estas recomendaciones durante el evento Negocios del Campo. La especialista señaló que para planificar la campaña son fundamentales la información anticipada y la experiencia acumulada por cada productor frente a diferentes escenarios climáticos.
“Hoy nos toca el desafío de este fenómeno de El Niño”, señaló. Entre las variables que consideró centrales mencionó la humedad del suelo, la situación de los cuerpos de agua, las condiciones hidrológicas, el paisaje y las particularidades de cada lote, además de la evolución del fenómeno y los pronósticos climáticos. Según explicó, estos elementos, combinados con la experiencia de campañas anteriores, permiten adaptar las estrategias agrícolas y ganaderas.
De acuerdo con los análisis presentados, la mayoría de los modelos anticipan un “El Niño con condiciones fuertes a muy fuertes”, aunque su intensidad comenzaría a disminuir hacia marzo, abril y mayo. Gattinoni aclaró que la intensidad del fenómeno está vinculada con el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial y que ese indicador no permite determinar de manera automática cuánto lloverá en cada región productiva.
Para la Argentina, los pronósticos muestran una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a la media en distintas regiones, con especial atención sobre el nordeste. Sin embargo, la especialista advirtió que los efectos pueden ser diferentes según la zona. “No todos los Niños son iguales”, señaló, al explicar que el fenómeno puede manifestarse de manera distinta en las diferentes regiones del país.
Por ese motivo, recomendó “no tomar el pronóstico estacional como una definición rígida de lo que ocurrirá durante toda la campaña”. Otros fenómenos atmosféricos pueden modificar las señales asociadas a El Niño, por lo que consideró necesario realizar un seguimiento con períodos más cortos, de entre 15 días y un mes. “El Niño nos marca el escenario”, explicó, mientras que los pronósticos de corto plazo permiten ajustar las estrategias durante el desarrollo de la campaña.
La especialista también puso el foco en la cantidad de agua disponible en los suelos. Según indicó, no alcanza con observar la humedad superficial, sino que también es necesario controlar los cuerpos de agua y el nivel de las napas.
Durante su exposición, señaló que las lluvias de agosto habían generado una buena disponibilidad hídrica en sectores de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Chaco y Formosa, aunque en algunas áreas también se habían registrado anegamientos e inundaciones. “El agua en el suelo va a ser clave”, remarcó.
Los perfiles hídricos favorables pueden reducir el riesgo de sequías repentinas, pero al mismo tiempo aumentar la atención necesaria sobre posibles inundaciones. Por eso, recomendó monitorear el agua acumulada y medir las napas, una variable que, según señaló, en años anteriores podía haber sido subestimada.
Gattinoni también destacó la importancia de conocer el relieve, el paisaje y las condiciones ambientales de cada lote, en lugar de aplicar una misma estrategia a toda una región o establecimiento. En ese sentido, sostuvo que el impacto de El Niño debe analizarse teniendo en cuenta las características particulares de cada lugar.
El escenario climático asociado al fenómeno puede incluir períodos de lluvias intensas y otros con escasas precipitaciones. Frente a esa variabilidad, la especialista aconsejó aprovechar las “ventanas de oportunidad” para realizar las tareas necesarias y tomar decisiones a partir de información meteorológica actualizada. “La planificación y el actuar oportuno son fundamentales”, afirmó. En la actividad ganadera, esa información también puede utilizarse para planificar el movimiento del ganado.
El desafío, según resumió Gattinoni, consiste en combinar las oportunidades que puede generar El Niño con el manejo del riesgo de excesos hídricos, especialmente en el este del país. Para eso, planteó integrar el seguimiento del fenómeno con pronósticos trimestrales y de corto plazo, y ajustar las decisiones a medida que avance la campaña.










