Laborando seis horas diarias, su jornada abarca desde las 6 de la mañana hasta las 4 de la tarde, lo que le permite finalizar su actividad laboral y disponer de las tardes para llevar a cabo otras tareas. “Yo trabajo así porque necesito tiempo. Me han salido otros trabajos, pero te piden horarios partidos y completos, trabajar mínimo 10 horas”, reflexionó. Aunque admite que su ocupación presenta “sus pros y sus contras”, prefiere mantenerla debido a la flexibilidad que le proporciona.
Además del sueldo asegurado, Laura explicó que cuenta con un sistema de incentivos que se relaciona con la cantidad de viajes que lleva a cabo semanalmente. La empresa fija un objetivo, y si alcanza los 65 pedidos, obtiene un extra de 3 euros por cada uno. “Te ponen un rango semanal y si haces 65 viajes o más te pagan 3 euros más por cada pedido”, explicó.
No obstante, enfatizó que no siempre logra cumplir con esa meta. Durante el verano, el calor y la disminución de actividad complican alcanzar esa cantidad de entregas. “Eso en verano no lo puedo hacer porque hace mucho calor y es temporada baja”, indicó.
Para Laura, uno de los principales beneficios de su trabajo no radica únicamente en el sueldo, sino en la libertad de poder organizar su día. Gracias a su jornada laboral de seis horas, puede disfrutar de gran parte de la tarde para dedicarse a sus actividades personales. Por esta razón, considera que la conveniencia de su empleo depende de las necesidades individuales. “Es rentable, pero depende de lo que buscas y lo que necesitas. Si quieres ganarte un extra, puedes hacer más horas”, aseguró.
Mientras que algunos repartidores pueden aumentar sus ganancias al aceptar más pedidos y alargar su jornada, Laura elige un horario que le posibilite equilibrar su trabajo con sus otras actividades. “Por eso tengo este trabajo que a veces tiene sus pros y sus contras”, concluyó.










