Según el estudio, el tipo de cambio experimentó un aumento del 5% en junio, pasando de $1410 por dólar a fines de mayo a $1480 en la actualidad. Esta variación se atribuye no solo a una menor liquidación por parte del sector agrícola durante el cierre de la cosecha gruesa, sino también a una disminución en las emisiones de deuda en dólares y a un entorno internacional menos favorable para las monedas emergentes.
El informe enfatiza que la caída en la liquidación agropecuaria no es suficiente para explicar por completo el movimiento del tipo de cambio. Banco Provincia indica que la liquidación del sector agrícola disminuyó de casi u$s 700 millones semanales en mayo a menos de u$s 500 millones en junio, lo que se traduce en una merma cercana a u$s 900 millones en un mes.
Asimismo, el Banco Central también compró menos dólares, acumulando en junio adquisiciones por u$s 1250 millones, casi la mitad de los u$s 2600 millones del mes anterior. A pesar de esta desaceleración, la autoridad monetaria alcanzó un total de u$s 11.000 millones en compras durante el primer semestre, lo que constituye el segundo mayor registro de adquisiciones para ese período en dos décadas.
El economista Christian Buteler subraya la relevancia de este fenómeno: “Gran parte de las compras del BCRA se debe a la oferta generada por la colocación de deuda, ya sea en ON como en créditos extranjeros”. Sin embargo, el financiamiento en dólares a través de obligaciones negociables se vio fuertemente afectado el último mes, con un flujo total de crédito en moneda extranjera que disminuyó de u$s 3600 millones en abril a u$s 2600 millones en mayo y alcanzando un mínimo de u$s 1400 millones en junio.
La retracción en este tipo de operaciones, que representaban una fuente adicional de divisas, refleja así una nueva realidad en el mercado cambiario. Aunque no funcionan de manera inmediata como las liquidaciones exportadoras, las emisiones de deuda inciden en la disponibilidad de dólares.
En junio, esta disminución se explicó principalmente por una baja en las colocaciones de ONs en el sistema local y reducciones en el aporte de no residentes. Las colocaciones a residentes cayeron u$s 700 millones respecto al mes anterior (una disminución del 65%), mientras que las realizadas en el exterior disminuyeron u$s 400 millones. En contraste, los préstamos bancarios en dólares lograron un ligero aumento de casi u$s 400 millones.
Esto sugiere que el mercado cambiario ya no depende exclusivamente de las estacionalidades del campo, sino también de la habilidad de las empresas para seguir colocando deuda y la participación de las provincias en el mercado de capitales. Buteler menciona que “las tasas siguen siendo convenientes para tomar crédito”, aunque reconoce que hay un límite en cuanto a la demanda de deuda en créditos bancarios, puesto que “no todas las empresas pueden tomarlos y cada una tiene un límite de cuánto puede acceder”.
Por otro lado, la reducción en las emisiones fue desigual. En el sector energético, las nuevas emisiones de ONs pasaron de u$s 900 millones en mayo a u$s 300 millones en junio. Los Estados provinciales, que previamente habían licitado u$s 500 millones en mayo, no realizaron colocaciones durante junio. El informe destaca que al momento de su publicación no había anuncios significativos de nuevas emisiones subnacionales, lo que sugiere que el flujo de deuda no se reactivará pronto.
Este panorama tiene implicaciones financieras, políticas y económicas. No solo las emisiones privadas y provinciales financian a las empresas o gobiernos subnacionales, sino que también contribuyen a aumentar la oferta de divisas en un contexto donde la estabilidad cambiaria es crucial. Sin embargo, el informe también indica que en junio, esta fuente se volvió negativa.
Buteler señala que “incluso si querés usar esos dólares para una operación financiera, no es tan conveniente”, pues a los precios actuales del dólar y las tasas de interés, no hay incentivos claros para solicitar créditos. La suba del dólar en junio se enmarca además en un contexto de menor liquidación agrícola y de adquisiciones del Banco Central, sumado a una baja en las emisiones de deuda y a un entorno internacional adverso, con una depreciación del real brasileño y un fortalecimiento del dólar en el ámbito global.
En junio, el real se depreció un 3,3% y el Dollar Index avanzó un 2,6%, lo que generó presiones adicionales sobre el tipo de cambio local. El informe subraya que si las empresas pueden colocar más deuda en dólares y las provincias emiten títulos, el país incrementa su oferta de divisas. Sin embargo, si este canal se modera, la presión sobre otras fuentes se incrementa.
El mismo informe no descarta el posible reactivamiento de este canal en el futuro, especialmente en el sector energético. A pesar de la disminución de emisiones en junio, el reporte enfatiza que en el primer semestre de 2026, el monto total de emisiones fue solo un 10% menor que en el mismo período de 2025, y que en el pasado, el 55% de los flujos del año se registraron entre julio y diciembre, lo que podría indicar que la segunda mitad del año traiga nuevos fondos del sector energético.
Un dato a resaltar es que la balanza comercial energética creció 70% interanual en los primeros cinco meses del año, aumentando de u$s 3000 millones a u$s 5150 millones. Esta producción exportadora podría favorecer una reactivación de las emisiones de deuda corporativa a corto plazo. No obstante, persiste la inquietud sobre si ese flujo será suficiente.
El informe señala que, aunque la situación de flujos cambiarios no afrontará las tensiones de años anteriores si se contribuye con crédito estatal y de organismos multilaterales, la inquietud principal radica en el stock de reservas. Las reservas brutas aumentaron u$s 6000 millones en el primer semestre, pasando de u$s 41.100 millones a u$s 47.000 millones, pero se mantienen rezagadas en comparación con otros países de la región. Según el estudio, las reservas pasaron de representar el 6% del PBI al 7%, colocándose la Argentina en el último lugar de la región, incluso detrás de naciones con riesgo país similar como Bolivia (8,7%) y Ecuador (9,6%), y por detrás de Panamá (7,9%). En cambio, el promedio de América Latina gira en torno al 14,6%.










