En este marco, el ahorro y la inversión a largo plazo se presentan como herramientas valiosas para edificar un fondo de retiro personal. Una de las fórmulas más populares para calcular el capital requerido para vivir de los rendimientos es la conocida como regla del 4%.
El sistema previsional se sustenta, en gran parte, en las contribuciones de los trabajadores en actividad, que financian las prestaciones de los jubilados. Sin embargo, actualmente hay muchos menos aportantes por cada jubilado en comparación con décadas anteriores.
Nahuel Bernués, economista y CEO de Quaestus Advisory, comentó que depender de manera exclusiva del sistema estatal para mantener el nivel adquisitivo en la vejez “es una apuesta”.
“El sistema fue creado hace décadas considerando una proporción de cuatro trabajadores activos por cada jubilado, y hoy esa relación es de aproximadamente 1,5 activos por cada pasivo. Esto genera un sistema que distribuye entre muchos lo que aportan pocos”, explicó.
Para los que buscan una planificación más certera, es fundamental complementar los aportes obligatorios con ahorro propio y opciones de inversión. Esto no significa necesariamente reemplazar la jubilación estatal, sino evitar que sea la única fuente de ingresos en la etapa pasiva.
La regla del 4% ofrece una guía para la planificación financiera, indicando cuánto puede retirar una persona de su cartera durante la jubilación sin agotar rápidamente su capital. Según esta propuesta, en el primer año de retiro se puede extraer el 4% del fondo acumulado, y en los años siguientes, dicha cifra se ajusta por inflación para preservar el poder adquisitivo.
Asimismo, existe una versión simplificada, conocida como la regla del 25x, que sugiere multiplicar los gastos anuales por 25 para determinar el capital objetivo. Por ejemplo, si una persona espera recibir u$s 1.400 mensuales durante su jubilación, necesitaría cubrir gastos anuales de u$s 16.800, y al multiplicar esa cantidad por 25, el capital necesario ascendería a u$s 420.000.
“Son reglas que, por su simplicidad, permiten tener una idea general, pero no garantizan la precisión de una ecuación que contempla el mantenimiento del capital invertido”, indicó el especialista.
La regla fue popularizada por el asesor financiero estadounidense William Bengen en 1994, tras analizar rendimientos históricos de acciones y bonos en Estados Unidos, buscando determinar un nivel de retiro inicial que permitiera sustentar una cartera durante 30 años, incluso frente a escenarios de mercado adversos. El resultado fue una tasa cercana al 4%, bajo ciertos supuestos: una cartera diversificada, inversiones mantenidas a largo plazo, un horizonte de aproximadamente tres décadas y ajustes anuales por inflación.
No obstante, no es una promesa ni una solución exacta; la regla no considera automáticamente la situación individual de cada persona, impuestos, cambios bruscos en los mercados, gastos médicos imprevistos o expectativas de vida superiores a las anticipadas.
Bernués advirtió que esta fórmula puede ser útil como punto de partida para establecer un objetivo, pero no debe aplicarse estrictamente en Argentina.
Según el economista, estas reglas están diseñadas para países desarrollados con inflación estable y predecible. “Como metodología conceptual y para simplificar un objetivo puede ser útil, pero ninguna funciona si se basa en pesos, ya que la inflación podría erosionar el capital mucho antes de lo esperado. La mejor forma de adaptarlas a la realidad local es calculando los gastos futuros en dólares”, expresó.
No hay un monto único, dado que el capital necesario depende del estilo de vida, la edad de retiro, la expectativa de vida, los ingresos adicionales y el rendimiento proyectado de las inversiones.
Bernués ejemplificó el caso de una persona de 30 años que desea retirarse a los 65, proyectando vivir hasta los 90 y con gastos mensuales estimados en u$s 1.400. “Para mantener ese estándar de vida sin trabajar durante sus últimos 25 años, necesitaría acumular cerca de u$s 220.000 al momento del retiro, asumiendo que ese capital continúa invertido al 6% anual en dólares. Para alcanzar esa cifra, actualmente debería destinar alrededor de u$s 160 mensuales a inversiones”, detalló.
El tiempo juega un papel crucial. Si esa misma persona inicia sus ahorros a los 40 años, el aporte mensual necesario para lograr el mismo objetivo aumentaría a aproximadamente u$s 325.
“Alguien que comience a los 25 años con aportes modestos puede terminar acumulando más que alguien que comience a los 40 años con contribuciones significativamente mayores, simplemente debido al tiempo que su dinero tiene para crecer”, sostuvo Bernués.
El ahorro mensual es el primer paso, especialmente cuando el capital inicial es reducido, pero a medida que el fondo se expande, la rentabilidad de las inversiones comienza a adquirir un peso cada vez más relevante.
Bernués lo ilustró con un ejemplo: “Un fondo de u$s 500 que genera un 10% produce u$s 50, mientras que uno de u$s 100.000 al mismo rendimiento genera u$s 10.000. Por eso, la combinación de ambas variables es lo que define el éxito”.
Para construir un fondo de retiro, el asesor recomendó no concentrar todo el patrimonio en un único activo. Una cartera diversificada puede incluir bonos en dólares a largo plazo, obligaciones negociables de empresas de primer nivel, acciones y CEDEARs, según el horizonte de inversión, el perfil de riesgo y las necesidades de liquidez de cada inversor.










