Al ser interrogado sobre la búsqueda de la felicidad, Sztajnszrajber expresó: “Encuentro algo de la felicidad cuando puedo como realizarme en eso ahora. Nunca creo que estoy 100% realizado”.
Ampliando su reflexión, comentó: “Parece que la realización, mirá, lo pienso en términos vocacionales, es más como una pregunta interna. Que uno es como que, digamos, echa mano cada vez que uno está demasiado seguro de algo. Entonces estás ahí, y uno dice, ¿estoy de verdad realizado? Porque de repente me la creí”.
El filósofo también destacó la complejidad de “hacer filosofía cuando todo se derrumba es fácil. Lo difícil es hacer filosofía cuando todo funciona bien”, añadiendo que el propósito de la existencia no se limita solo a un funcionamiento óptimo.
En esta línea, citó a Platón, resaltando una de sus definiciones sobre la filosofía que dice: “Vamos en busca de un saber que sabemos que nunca vamos a alcanzar, pero vamos igual”. Según Sztajnszrajber, esta búsqueda continua es lo que nos impulsa.
“Para mí la felicidad tiene que ver con poder plasmar en mi vida mi deseo, pero como hago filosofía, mi deseo es un deseo, filosofía, es deseo por el saber, es esa especie de asombro, de recuperación del asombro. A mí me interesa mucho, estar todo el tiempo elucubrando aspectos que hacen a la realidad. Me hace mucho ruido como consumir la realidad tal como me la venden”, añadió.
El filósofo también se refirió a lo que en la filosofía se denomina la escuela de la sospecha, que incluye a figuras como Freud, Marx y Nietzsche, indicando que hay un espíritu crítico que puede revelar nuevas perspectivas sobre la realidad: “Me interesa mucho eso, desplegar escorzos”.
Reflexionando sobre la búsqueda de la verdad y la felicidad, dijo: “Uno viene a este mundo a encontrar la verdad, la encontré, a ser feliz, lo encontré, a encontrar a tu otra mitad, la encontré”. Pero rápidamente matizó: “Y no digo que no haya un montón de gente que crea. Que logra esos objetivos, y probablemente sea gente que envidie, encontré mi otra mitad y bueno, a los dos días te das cuenta que no, digamos, hay algo que no te deja”.
Finalmente, concluyó: “Por ahí al final todo el cuestionamiento filosófico era una gran zaraza y el mundo es lo que es. Pero el hecho de ejercer hasta narrativamente el deseo de cuestionarlo a mí me realiza.”









