Gustavo “Paco” Manríquez, CEO de Banco Supervielle, destacó que “no diría que la mora está en pleno descenso, pero sí que se amesetó, ya no crece”. Sin embargo, advirtió que la situación sigue siendo delicada y requiere un manejo cercano al cliente para poder refinanciar o reestructurar deudas, siempre apoyados en una tasa de interés estable. Distinguiendo entre familias y pequeñas y medianas empresas, señaló que, en el caso de las pymes, aún no se aprecia una disminución en los niveles de morosidad.
En cuanto al futuro del crédito, Manríquez enfatizó que “hay que desglosar”, ya que, mientras que en los préstamos a familias la recuperación es leve, hay sectores productivos, como Vaca Muerta y la minería, que continúan demandando financiamiento. Afirmó que el crédito a nivel global está destinado a crecer, ya que existen grandes proyectos que requieren esa inversión. “Los bancos sabemos prestar”, concluyó.
Asimismo, Manríquez consideró fundamental para poder ofrecer créditos a sectores esenciales, como familias y pymes, contar con estabilidad en las tasas y previsibilidad, lo que permitiría apoyar el crecimiento de la economía real, que es el objetivo del banco.
Por su parte, Juan Parma, CEO de Banco Macro, indicó que aunque la morosidad en créditos personales “casi se cuadruplicó” el año pasado, el panorama ha cambiado y la situación “ya está dando la vuelta”. Confirmó que en su banco, desde marzo, se ha comenzado a observar una estabilización, y en abril se registró una leve disminución. En el segmento de mora sin arrastre, Parma notó una reversión en la irregularidad, aunque también coincidió en que, para los préstamos a empresas, aún no se observa esa reducción.
“Necesitamos que el crédito crezca varios años por encima de la inflación, en términos reales”, comentó. Explicó que la expansión del crédito es crucial para reducir la morosidad, puesto que el crecimiento en la colocación de préstamos impacta directamente en el ratio de morosidad. Finalmente, resaltó que en Banco Macro han acompañado la baja de tasas en los rendimientos de depósitos, lo que ha permitido fijar un costo de financiamiento más accesible. “En los préstamos personales, para los plazos largos, bajamos la tasa de 70% a 55%”, concluyó.









