Durante muchas décadas, los A-4AR fueron cruciales para la defensa aérea de Argentina. Su trayectoria en la Fuerza Aérea se remonta a la segunda mitad del siglo XX, comenzando con la compra de las primeras unidades provenientes de Estados Unidos en 1966. El país utilizó diferentes variantes de estos aviones: las B y C en la Fuerza Aérea y las Q en la Armada, siendo especialmente significativos durante el conflicto de Malvinas.
Andrei Serbin Pont, en una reciente entrevista, explicó que las dificultades logísticas y tecnológicas influyeron de manera decisiva en la decisión de retirar estos aviones: “Ya llevaba varios años sin volar, pero ha sido un avión bastante histórico dentro de la Fuerza Aérea Argentina. Se desprogramó justamente por una dificultad en poder sostenerlo”.
La necesidad de modernizar las aeronaves se volvió urgente tras la guerra de Malvinas. “Después de la guerra, la Fuerza Aérea Argentina se encontraba en una situación en la cual necesitaba modernizar estos sistemas de armas”, recordó Serbin Pont.
Las primeras versiones del A-4AR presentaron problemas estructurales, lo que llevó a considerar alternativas como el F-16. Como solución temporal, se adquirió la variante M de los A-4: “Esto eran stocks que venían de la Infantería de Marina norteamericana y que fueron profundamente modernizados con un radar APG-66V2”.
Pont detalló que “era un derivado del que usa el F-16, capacidades para empleo de armamento guiado de precisión, un sistema de navegación moderno, toda la biónica moderna que necesitaba una aeronave para esa época”.
Sin embargo, la falta de un paquete logístico adecuado complicó la operación a largo plazo. “No se compró el paquete logístico necesario para sostenerlo en el tiempo. Nunca se terminó de incorporar el armamento moderno que podía utilizar, así que nunca se aprovechó al máximo sus capacidades, nunca empleó armamento inteligente”, precisó Serbin Pont.
En los años 90, la Fuerza Aérea incorporó 36 unidades de los A-4AR. Aun así, el mantenimiento de estos aviones se volvió cada vez más complicado con el tiempo. “Ya en los últimos años volaban, quedaban siempre en condiciones cuatro, cinco, seis. Para algunos eventos importantes que tuvo el país, como pudo haber sido el G20, se lograba asegurar un puñado de ellos en condiciones de servicio para poder proveer cobertura aérea durante los eventos internacionales en los que venían presidentes de todas partes del mundo”, relató Serbin Pont.










