Luciano Fusaro, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AETA), afirmó que “hay una disparada del precio del gasoil. Recordemos que estaba a $1740 hasta el mes de febrero, y durante marzo subió a más de $2100”, comentó en una reciente entrevista.
Continuando con su análisis, Fusaro subrayó que el gasoil representa el segundo costo operativo más importante para las empresas de transporte. “Todo nuestro ingreso está determinado según el cálculo de costos que hace la Secretaría de Transporte de la Nación. El cálculo que se realizó, que luego influye en los niveles de tarifa y subsidios, se basaba en un gasoil a $1740”, explicó.
Además, mencionó la problemática del “atraso sistemático en el pago de las compensaciones o subsidios”. De acuerdo con su información, actualmente hay aproximadamente 130 mil millones de pesos en subsidios impagos, lo que, al combinarse con la deuda acumulada y el aumento del gasoil, hace prácticamente inviable para las empresas ofrecer la totalidad de los servicios.
Fusaro especificó que, en la Ciudad de Buenos Aires, se abonan puntualmente todos los subsidios. “Ahí no tenemos problema”, destacó. Sin embargo, señaló que el reparto de subsidios entre la Nación y la Provincia se realiza en un 90%. “La Nación le paga a la Provincia lo que se llaman subsidios para tributo social, que son descuentos adicionales para jubilados y beneficiarios de AUH”, añadió.
Destacó además que “esos subsidios están adeudados desde enero”. Según Fusaro, la Nación le debería a la Provincia más de $50 mil millones en subsidios para tributo social. “Al sumar todo esto, llegamos a casi $130 mil millones en subsidios. Con un agujero financiero de esta magnitud y el problema del gasoil, las empresas no logran ofrecer todos los servicios”, puntualizó.
El empresario reveló resultados de estudios recientes: “Durante la primera quincena de abril, en días hábiles, las frecuencias en el total del AMBA se encuentran un 18% por debajo en comparación con abril del año anterior. Ese 18% es un promedio, ya que algunas líneas presentan reducciones de hasta el 40% y otras directamente han dejado de operar”.
Fusaro comentó que estas disminuciones han llevado a situaciones donde los pasajeros se concentran en las paradas: “Si a esto le sumamos los problemas con los trenes, la presión sobre el sistema de colectivos se incrementa en un momento en que se están reduciendo las frecuencias, lo que genera una tormenta perfecta”.








