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Cinco medicamentos que causan culpa: el tabú que persiste frente a la evidencia científica

26 octubre, 2026
in Sociedad
Cinco medicamentos que causan culpa: el tabú que persiste frente a la evidencia científica
Existen verdades indiscutibles que, en ocasiones, resultan ser relativas. Expresiones como “la salud es lo primero” parecen perder relevancia cuando los tratamientos respaldados por la ciencia se enfrentan a tabúes y estigmas. Diversas patologías se presentan como situaciones más complejas que la simple acción de tomar un analgésico, y no porque las soluciones no existan, sino porque la incertidumbre a menudo se interpone en el bienestar de las personas.

La culpa y la vergüenza surgen como impedimentos que dificultan la relación entre las enfermedades y sus tratamientos, creando un laberinto de prejuicios que afecta a quienes necesitan atención médica en pleno siglo XXI. Esta tensión es aún más evidente desde la perspectiva del paciente y su entorno.

En el caso de trastornos como la depresión o la ansiedad, surgen pensamientos como “debería poder hacerlo solo” o “debería poder controlar mis nervios”. En el ámbito de la salud mental, estos prejuicios se evidencian con claridad, aunque sus raíces se extienden a diversas áreas.

Por ejemplo, quienes enfrentan disfunción eréctil a menudo escuchan: “debería poder hacerlo sin ayuda”, mientras que en situaciones de sobrepeso u obesidad, la narrativa es: “debería poder perder peso por mí mismo”, incluso si se han intentado innumerables dietas sin éxito. Al enfrentarse al insomnio, se plantea el cuestionamiento: “debería poder dormir naturalmente”, y ante niveles elevados de colesterol se reproduce la idea de que “debería haberlo evitado”.

Mientras tanto, el tiempo avanza y las enfermedades progresan. Estas afecciones no solo afectan la calidad de vida, sino que también pueden convertirse en factores de riesgo para enfermedades graves. ¿Qué provoca esta situación? ¿Cuáles son las consecuencias de evitar la medicación necesaria?

Para profundizar en estas inquietudes, se consultó al psicoanalista y psiquiatra Pedro Horvat, quien afirma que “la respuesta radica en el prejuicio y el reproche social. En el caso de los psicofármacos, se asocian erróneamente a personas ‘locas’; respecto a los fármacos para adelgazar, existe un estigma en torno a la obesidad, vista como una ‘falta de voluntad’. Sin embargo, la obesidad es una enfermedad compleja que muchas personas entienden, aunque la falta de aceptación complica el acceso a tratamientos.”

Una reciente encuesta de Quiddity, que incluyó a 800 mujeres en la menopausia o en sus momentos previos, ilustra esta preocupación: más del 70 por ciento manifestó su inquietud por el aumento de peso, pero un 33 por ciento considera que usar inyecciones para adelgazar es “hacer trampa”, mientras que un 25 por ciento se abstiene por culpa o vergüenza.

Horvat también vincula esta percepción al uso de medicamentos para la disfunción eréctil, donde se siente que su uso podría cuestionar la virilidad de quienes los consumen. Subraya que “la sexualidad humana es en gran medida psicosexual; los factores psicológicos y afectivos impactan en el rendimiento sexual”. Además, menciona que, al igual que ocurre con las mujeres en la menopausia, a partir de cierta edad los hombres sufren disminuciones hormonales y alteraciones vasculares que afectan su capacidad eréctil, lo que provoca tensiones sociales relacionadas con la masculinidad.

Respecto a las implicancias de posponer la medicación, Horvat señala que “no es fácil determinar el agravamiento de una condición en quienes no toman ansiolíticos o antidepresivos. Lo que sucede es que se extiende el sufrimiento personal, una situación que excede las capacidades de control y, por ende, afecta su bienestar psicológico y su vida cotidiana. El grado de deterioro es, en parte, subjetivo.”

El especialista también reconoce que algunas personas prefieren retrasar la medicación en un intento por lidiar con sus problemas de forma autónoma, sintiendo que poseen los recursos emocionales necesarios para afrontar sus dificultades. Siempre que no existan signos de emergencia, esta decisión debe ser respetada y considerada dentro de un marco de razonabilidad.

Horvat aclara que esta lógica se torna diferente en casos de psicosis, donde la alucinación o el delirio pueden complicar la rehabilitación si se prolongan demasiado. También en el insomnio severo, las personas que llevan varios días sin dormir deben recibir tratamiento, ya que la falta de descanso puede constituir una urgencia médica.

El psicoanalista también menciona que persisten mitos sobre los psicofármacos relacionados con la dependencia: “Si empiezo a tomarlos, luego no podré dejarlo” o “conozco personas que los han utilizado durante años”. Es función del médico aclarar estas inquietudes, ya que hay mucha desinformación y creencias erróneas sobre los fármacos para la obesidad, que pueden causar problemas, y los medicamentos para la disfunción eréctil, que pueden ser peligrosos para el corazón. Si bien cualquier medicamento puede tener efectos secundarios, los riesgos deben ser comunicados adecuadamente por el profesional para asegurar tranquilidad al paciente.

Evitar medicamentos necesarios bajo la creencia de que se puede manejar la condición sin ayuda farmacológica puede acarrear consecuencias graves, como se observa en el estigma hacia el uso de estatinas, relacionadas con la salud cardiovascular.

Fernando Botto, cardiólogo, aclara: “Es importante distinguir entre infecciones agudas que requieren antibióticos, donde la falta de tratamiento puede causar complicaciones, y enfermedades crónicas no transmisibles como el colesterol alto, la diabetes u obesidad. Estas últimas no exigen un tratamiento inmediato, pero la demora en iniciar el tratamiento adecuado incrementa los riesgos a largo plazo.”

Botto, consultor en investigación del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), ejemplifica: “Si un paciente tiene la presión alta, debe tomar su medicamento y si presenta colesterol elevado, lo mismo. Prescribo esto porque, para un paciente de 60 años con poca actividad física, el riesgo cardiovascular de sufrir un infarto o un ACV en la próxima década es alto; y el riesgo comienza a incrementarse desde hoy.”

Un aspecto crucial se presenta en las mujeres durante la menopausia, ya que los cambios hormonales pueden aumentar el riesgo cardiometabólico, lo que requiere un enfoque diferente al de otras etapas vitales. Sin embargo, persiste un obstáculo. Virginia Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, destaca que “es paradójico que muchas mujeres reconozcan los cambios metabólicos y hormonales, mientras que al mismo tiempo sienten responsabilidad personal por no poder controlar su peso”. Concluye señalando que “este imperativo de omnipotencia puede generar frustración y dificultar la búsqueda de ayuda.”

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