El regreso del hijo pródigo, revistiéndose de un halo casi mítico, se materializó cuando el Pelado comenzó a cumplir los esperados mandamientos de la afición riverplatense: ganar, gustar y golear. Ese anhelado retorno era considerado por muchos como un acto de redención para un ídolo que había dejado una marca indeleble en la historia del club.
Atrás quedaban casi diez años de éxitos en Europa, un período donde había dejado su impronta en equipos como el Avellino y había ganado títulos con el Inter, además de haber deslumbrado en el Mónaco, donde compartió protagonismo con Rainiero. Su ausencia de la selección nacional generó debates acalorados en un contexto donde el equipo lidiaba con problemas en el ataque, justo antes de afrontar el Mundial de Italia. La situación derivó en una inesperada cumbre en la residencia presidencial de Olivos, impulsada por las súplicas del entonces presidente Carlos Menem a Carlos Bilardo para que convocara a Ramón.
Desde su partida, Ramón había sido un prodigio del fútbol argentino. Había comenzado su carrera muy joven, consagrándose como campeón juvenil y formando una brillante dupla con Diego Maradona que hizo vibrar a millones en los Juegos Olímpicos de Tokio. Si bien sus cifras goleadoras eran contundentes, le costó establecerse como titular en River debido a la fuerza de Leopoldo Luque, quien era una pieza clave para el entrenador Ángel Labruna. La llegada de Alfredo di Stéfano, sin embargo, le brindó la confianza necesaria y la continuidad que buscaba. Su último partido con River había dejado su huella: anotó el único gol en la victoria ante Boca en Mar del Plata, el 6 de febrero de 1982, lo que culminó en el triunfo del torneo de verano.
Aquel agosto de 1991 también trajo consigo novedades en el ámbito televisivo. El programa Fútbol de Primera había visto la luz casi modestamente por ATC en agosto de 1985 y había evolucionado durante cuatro años, ganando protagonismo antes de mudarse al Canal 9. En 1990, el viejo Canal 11 fue privatizado y pasó a ser Telefe, que buscaba convertirse en el canal más deportivo de la televisión abierta, incluyendo la transmisión de la Copa Libertadores, torneos de tenis y Fórmula 1. Además, lanzaron un noticiero deportivo que se emitía a medianoche y, a solo dos días de su debut, hubo un cambio de conductor que generó incertidumbre. Finalmente, Videomatch salió al aire con la conducción de Marcelo Tinelli, llevando a la televisión argentina a un liderazgo sin precedentes durante años.
Por esta razón, no sorprendió a nadie cuando, a fines de 1990, se anunció que Fútbol de Primera también se mudaría a Telefe para la temporada 1991/92. Sin embargo, había una larga espera por delante, ya que debían transcurrir más de seis meses, y muchos eventos insólitos sucederían en el camino, que culminarían en una polémica considerable que mantuvo en vilo el inicio del campeonato.
Tras un brillante comienzo como entrenador, donde Daniel Passarella se coronó campeón en la temporada 1989/90, River Plate enfrentó una temporada irregular. El equipo no logró obtener ninguno de los títulos locales y quedó eliminado en la fase de grupos de la Copa Libertadores, en la que terminó en el último lugar de su zona, que compartía con Boca, Bolívar y Oriente Petrolero.
Conscientes de la necesidad de un cambio, el Kaiser se vio obligado a implementar modificaciones para reactivar el ánimo de sus jugadores y del público. Con pocos retoques al ya talentoso plantel, lograron incorporar a Julio César Toresani, quien aportó dinamismo al mediocampo, y Guillermo Rivarola, una grata sorpresa en la defensa que se entendió rápidamente con Jorge Higuaín. A esto se sumó la llegada de Ramón Díaz, quien traía la experiencia y el ansiado sentido de gol que necesitaba el equipo.
En ese contexto, Telefe encontró un espacio vacante los domingos por la noche, que durante el 90 había estado ocupado por el programa La noche del domingo de Gerardo Sofovich, quien se encontraba de vacaciones. En su lugar, la emisora lanzó una apuesta veraniega: Ritmo de la noche. Nadie pudo prever el impresionante éxito que tendría desde su primer episodio, logrando superar fácilmente los 30 puntos de rating. Al regresar de su descanso, Sofovich se marchó a ATC con sus clásicos entretenimientos, dejando un vacío en la programación.
Cuando llegó el momento de concretar el traspaso de Fútbol de Primera a Telefe, las autoridades del canal ofrecieron dos posibles horarios: de 19 a 21 o de 23 a 1, ya que no tenían intención de mover a Tinelli de su franja horaria. Por su parte, aquellos a cargo del emblemático programa de fútbol deseaban comenzar a las 21 o 22. A este embrollo se sumó el anuncio de un nuevo sistema de transmisión codificada, que agregó más polémica a la situación. A pesar de las numerosas reuniones y propuestas de solución, el acuerdo finalmente no se alcanzó, y Fútbol de Primera permaneció un año más en el canal 9.
Así fue que el torneo Apertura quedó programado para iniciar el domingo 25 de agosto, marcando el comienzo de una nueva era en las transmisiones futbolísticas del país, con un partido adelantado a los viernes a ser emitido por el sistema codificado para localidades a más de 60 kilómetros de la Capital Federal. El duelo inicial sería entre Racing y Deportivo Mandiyú. Sin embargo, el conflicto mencionado anteriormente llevó a la intervención judicial, que retrasó el inicio una semana.
Finalmente, el 30 de agosto, River Plate y Rosario Central se enfrentaron en el estadio Monumental en un partido que marcaba el inicio de una nueva etapa, conocida como Televisión Satelital Codificada. La transmisión fue realizada por la dupla Araujo – Macaya, mientras que en el campo estaban Alejandro Fabbri y Walter Nelson, quien más tarde compartió sus recuerdos: “Recuerdo perfectamente ese partido, con Passarella de técnico y el regreso de Ramón Díaz, con una impresionante trayectoria en Europa. Para nosotros fue muy importante estar en el comienzo de una nueva era tecnológica en la televisión. Nos dábamos cuenta de que podía llegar a ser algo trascendente, como efectivamente lo fue con el tiempo, aunque al principio no comprendí la magnitud del acontecimiento. Un par de años más tarde, junto a Julio Ernesto Vila y Osvaldo Príncipi, comenzamos con Boxeo de Primera con el mismo formato.”
A pesar de las malas condiciones climáticas, que resultaron en un estadio no totalmente lleno, los hinchas presentes brindaron una gran ovación a Ramón en su retorno. Curiosamente, el contrato que River había firmado con la empresa Sevel para mostrar su marca en la espalda y Peugeot en el pecho vencía el 31 de agosto. Así, se utilizó por última vez esos sponsors, y a partir de la siguiente fecha, el equipo comenzaría a lucir la marca de Carta Credencial. Desde el pitido inicial, el cuadro local se mostró como el dominante del juego, pero en la primera llegada de Central, a través de un golazo de David Bisconti, se puso en ventaja. Solo dos minutos después, el arquero visitante Protti derribó a Sergio Berti en el área, y Ramón, ante la expectativa de todos, se encargaría de ejecutar el penal. Sin embargo, su débil disparo fue neutralizado fácilmente por el guardavallas.
Este hecho sembró la inquietud entre los plateístas y generó murmullos en la popular, creando dudas entre los hinchas de River que habían apostado por el novato sistema codificado. ¿Sería cierta la afirmación de Ramón sobre su estado actual? La incertidumbre se sentía en una noche fría y lluviosa, que coincidía con un juego donde el equipo no lograba brillar como se esperaba.
No obstante, la parábola del hijo pródigo futbolero debía concluir con un final feliz. Con el reloj marcando 84 minutos y sin cambios en el marcador, el momento decisivo llegó. Borrelli inició un contragolpe fulminante, habilitó a Ramón, quien pasó a Berti. Este, devolviendo la pelota de primera, permitió que Ramón la dejara correr con astucia y, desde el borde del área, empalmara un zurdazo que superó al arquero rival, marcando su primer gol en el regreso.
El alivio se transformó pronto en celebración. Con solo dos minutos restantes en el encuentro, Rosario Central se lanzó al ataque en busca del segundo tanto, y en un momento de sorpresa, River logró retomar el control. Nuevamente, Borrelli llevó la ofensiva y asistió a Díaz, quien, manejando su experiencia, supo evitar el achique defensivo. Desde fuera del área grande, dejó que el balón picara, arqueó el cuerpo y sacó un remate que se coló justo al lado del poste derecho de Protti, desatando la locura en el Monumental.
La visión de Ramón Díaz con los brazos alzados, ofreciendo el gol al fervoroso pueblo millonario, así como su carrera hacia el centro del campo rodeado por sus compañeros, quien deseaban abrazarlo, quedarán grabadas en la memoria colectiva.
No hubo tiempo para más. Esa noche marcó el inicio de un camino ininterrumpido hacia el éxito, que llevaría a River a hacerse con el campeonato de forma contundente, logrando siete puntos de ventaja sobre Boca. Así, Ramón emergió no solo como un ícono, sino también como el goleador del torneo, con catorce goles en diecisiete partidos disputados.
Este fue el día del regreso que Ramón había soñado tantas veces mientras transitaba las calles europeas, anhelando volver a vestir la camiseta que siempre había amado. Así, se celebró su misa merecida en un Monumental lleno de fieles, que vivieron una reafirmación de la religión riverplatense en una versión contemporánea de la parábola del hijo pródigo, en el año 1991, donde el fútbol volvió a reinar.










