En junio, tras la eliminación del equipo de la Copa Libertadores y con la mirada puesta en el receso mundialista, el club contrató una empresa para realizar excavaciones con el objetivo de mejorar el drenaje en el área de los palcos, lo que implicaba la instalación de tubos subterráneos y el subsiguiente resembrado del césped. Cincuenta días después, en el primer partido en el Riachuelo, que fue ante O’Higgins por los 16avos de final de la Sudamericana, la cancha mostró un aspecto desparejo, con manchas y agujeros que obligaron a los jugadores a sortear los pozos.
Boca emitió un comunicado informando sobre “trabajos de renovación y mantenimiento del campo de juego” para “resolver una de las problemas habituales en el sector de la cancha”. Asimismo, se indicó que “este cambio de estadio permitirá darle a la obra el tiempo necesario, el cual se vio limitado por las condiciones climáticas de Buenos Aires”. Rápidamente, los dirigentes señalaron al clima como causa de los inconvenientes en el crecimiento del césped.
No obstante, los hinchas se enfurecieron al intentar adquirir entradas para el encuentro en la cancha de Huracán, especialmente aquellos abonados que abonan entre 1.800.000 y 6.600.000 pesos anuales. Esto sin considerar los costos adicionales por partido de Copa, que ascienden a 100.000 pesos, y el estacionamiento, que tiene un costo anual de 1.300.000 pesos.
La elección del estadio del Globo tuvo fundamentación geográfica, aunque no satisface la demanda de los abonados, que suman 22.932 entre plateístas y palquistas, mientras que Huracán solamente cuenta con 8.813 butacas. Ante esta situación, los socios manifestaron su descontento hacia Riquelme. Con el intento de resguardar su lugar para el partido con Estudiantes, muchos se encontraron con carteles que anunciaban: “No hay más ubicaciones disponibles”. Boca deberá abonar 50.000 dólares por partido, cifra que incluye el uso de un generador eléctrico, y ya se ha reservado el partido para el sábado a las 19 con Vélez. Aún resta determinar si se juegue en Parque Patricios o se regrese a la Bombonera.
Desde diversos sectores del club, la mirada se ha centrado en el presidente, quien ha sido señalado en reiteradas ocasiones. La expresión más recurrente ha sido “improvisación”. Un ex vicepresidente y candidato para las elecciones de 2027, Horacio Paolini, argumentó: “Una institución de la magnitud de Boca no puede normalizar situaciones que terminan perjudicando a quienes sostienen al club todos los días. El socio hace un gran esfuerzo por acompañar a Boca. Lo mínimo que merece es previsibilidad y respeto. Gestionar también significa anticiparse a los problemas y evitar que las consecuencias siempre recaigan sobre el hincha”.
“Esta salida de la Bombonera demuestra claramente el nivel de improvisación. Una reforma planificada no debería traducirse en un cambio de localía a cinco días del partido. Boca debe volver a colocar al hincha en el centro de sus decisiones. Hay abonados que quedan fuera del estadio y no se les ha dado respuesta sobre qué pasará con esos lugares que han pagado. No hay claridad sobre el reinicio o la eliminación del filtro. La grandeza del club se sostiene cuidando al único activo que siempre pone el pecho: el socio”, afirmó Carlos Abiata, otro opositor que participará en la contienda electoral.
Fran Quintana, Secretario de Justicia CABA y vicepresidente de la Agrupación Dale Boca, expresó: “Como socio, cumplo en tiempo y forma con el pago de la cuota social y el abono. Sin embargo, cuando se trata de respetar nuestros derechos, la respuesta no es la misma. Somos 21.000 abonados y Huracán tiene 9.000 plateas. ¿No pudieron prever que íbamos a quedar afuera o no les interesa? ¿Cuánto más tenemos que soportar su constante improvisación? Nuevamente me pregunto: ¿el club es de los socios o solo de algunos pocos?”.
Walter Klix, director de precursores químicos del Ministerio de Seguridad de la Nación y uno de los socios que gestiona una denuncia por administración fraudulenta contra Riquelme ante la Justicia Federal, hizo hincapié en que “el miércoles jugaremos en un estadio más pequeño y de menor calidad que el nuestro. Desde el comienzo, los precios que pagamos los abonados por un asiento en La Bombonera son desmedidos, pero ahora iremos a un lugar inferior y más de la mitad de los abonados no podrá ingresar. Esto no se soluciona con una eventual devolución de dinero. El daño y el problema son mucho más grandes”.
Del otro lado, el club Recoleta, rival en la Sudamericana el 18 de agosto, ha accedido a brindar 20.000 entradas a Boca y trasladará su localía al estadio Defensores del Chaco, que cuenta con una capacidad de apenas 6.000 espectadores. El presidente Luis Vidal ve en esto una gran oportunidad comercial.










