El informe señala que, en los frigoríficos, el envase desempeña un papel clave al proteger el alimento de la contaminación, reducir la pérdida de humedad y ayudar a conservar las características físicas, microbiológicas y sensoriales que son determinantes para la calidad del producto.
“Sin embargo, el creciente impacto ambiental de los plásticos de un solo uso impulsa la búsqueda de materiales más sostenibles”, manifestó el INTA. Además, se agregó: “Con este objetivo, un equipo de investigadores del INTA Balcarce, del INTA Anguil y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema) evaluó la viabilidad técnica de films compostables biobasados para reemplazar los films plásticos convencionales en el envasado de carne en atmósfera aeróbica”.
Según los especialistas, “estos materiales están formulados a partir de polímeros biodegradables capaces de degradarse biológicamente en condiciones de compostaje, transformándose en biomasa, dióxido de carbono y agua sin dejar residuos”.
Para llevar a cabo el ensayo, los cortes de carne fueron fraccionados en bandejas y envasados con dos alternativas: un film convencional de PVC y un film compostable. “Posteriormente, permanecieron durante siete días en exhibición aeróbica refrigerada con luz, simulando condiciones habituales en una góndola de supermercado”, detallaron.
El INTA especificó que se estudió la estabilidad del color, la capacidad del material para regular el intercambio gaseoso y prevenir la oxidación, su resistencia al frío y la humedad, así como la evolución de parámetros microbiológicos y fisicoquímicos de la carne.
“Los resultados mostraron que el envase compostable mostró un comportamiento comparable al del plástico convencional, sin comprometer la calidad del producto durante el periodo de almacenamiento”, indicaron.
“El desarrollo y la validación de films compostables a escala de laboratorio responden a la necesidad de asegurar que el nuevo material mantenga los altos estándares de conservación, frescura e inocuidad que la carne requiere a lo largo de su vida útil”, afirmaron.
La investigadora Laura Testa enfatizó que la incorporación de estos materiales “representa un avance significativo para la modernización de la cadena cárnica” y permitirá a los procesadores y empacadores reducir considerablemente la generación de residuos plásticos, alineándose con las crecientes demandas del mercado.
El informe del INTA también evaluó una segunda estrategia para mejorar la sostenibilidad en la cadena de producción: la inclusión de granos de destilería secos (GDS), un subproducto de la industria del bioetanol de maíz, en la alimentación de bovinos. “La investigación comparó la calidad de la carne de vaquillonas criadas en pasturas de alfalfa con la de animales suplementados con GDS en una proporción del 1 % de su peso vivo. Los GDS son un subproducto de la producción de bioetanol a partir de maíz y representan una alternativa para valorizar residuos agroindustriales en sistemas ganaderos”, explicaron.
En este contexto, Testa aclaró que las vaquillonas que recibieron suplementación presentaron un mayor espesor de grasa dorsal y una tendencia a un mayor grado de marmoleo, atributos que favorecen la clasificación comercial de los animales.
Es importante mencionar que no se observaron modificaciones en parámetros tecnológicos relevantes, “como el área de ojo de bife, el pH final, la temperatura de la res ni la terneza, que se mide a través de la fuerza de corte”.
“Si bien el color no afecta el valor nutricional del alimento, constituye el principal atributo que el consumidor considera al evaluar la frescura en el punto de venta”, concluyó la investigadora.










