El hallazgo tuvo lugar cerca de la Reserva Faro Querandí. Sergio Rodríguez Heredia, biólogo y director del Centro de Rescate y Rehabilitación de la Fundación Mundo Marino, explicó que una perturbación causada por humanos llevó a la madre a huir. “Las hembras de elefante marino rara vez dejan a sus crías de forma voluntaria en los primeros días de vida, un momento crucial para el vínculo que asegura la supervivencia del cachorro. En situaciones como esta, buscamos crear perímetros de seguridad para prevenir disturbios. Aquí quedó claro que hubo imprudencia por parte de los humanos”, comentó el especialista sobre el incidente.
Una vez rescatada, la cría fue trasladada al centro de rehabilitación bajo la supervisión de la Red de Asistencia a Fauna Marina del Ministerio de Ambiente bonaerense. Ingresó pesando 32 kilos, un peso inferior al promedio de 40 kilos al nacer, debido a una severa deshidratación por el tiempo que estuvo sin alimento. La leche materna de esta especie tiene una alta densidad de grasa que favorece su crecimiento, motivo por el cual el equipo multidisciplinario desarrolló una fórmula experimental ajustada constantemente a las necesidades del mamífero.
Los profesionales priorizaron la autonomía de la cría. Para evitar que el animal relacionara a los humanos con el afecto o la alimentación, implementaron turnos de atención estrictos y utilizaron un peluche gigante como elemento de contención. Juan Pablo Loureiro, veterinario de la fundación, compartió los retos de la fase de alimentación autónoma: “Ese periodo fue uno de los más delicados del proceso, ya que debíamos encontrar un equilibrio entre apoyar ese cambio sin comprometer su estado nutricional. Forzarla podría haber generado más rechazo, pero avanzar demasiado lento también era un riesgo”.
A medida que avanzaba el tratamiento, la cría empezó a comer pescado entero. El equipo controló cuidadosamente este proceso para prevenir problemas digestivos, alcanzando una dieta de 6 kilos diarios hacia el final de la rehabilitación.
La liberación se produjo cuando la elefantita superó los 100 kilos de peso, el umbral necesario para garantizar su supervivencia mientras perfecciona sus habilidades de caza en el océano abierto. Este evento es un hito importante en la conservación de la especie, que enfrenta amenazas significativas por la presencia humana en sus áreas de reproducción. Después de meses de rigurosos cuidados médicos y nutricionales, la pequeña hembra volvió a su vida en libertad.










