El reporte destaca que “nueve de cada diez puestos generados en este período son precarios, sin relación de dependencia, sin protección social y con ingresos que promedian el 45% de lo que percibe un trabajador registrado. No hay creación de empleo genuino; hay sustitución de empleo de calidad por ocupaciones de subsistencia”. Este estudio, titulado “Derrame invertido: la cascada regresiva”, fue realizado por los investigadores Eduardo Chávez Molina, Mariana Sosa y José Rodríguez de la Fuente.
La denominación del informe hace referencia a cómo el contexto actual refleja lo opuesto a la “teoría del derrame”, que sostiene que el crecimiento económico en las clases altas se traduce en beneficios para los sectores inferiores. En este caso, en lugar de riqueza, lo que se observa es un deterioro: “El resultado es una cascada regresiva: un proceso escalonado donde la precariedad se propaga de forma encadenada. Los ocupados de ingresos insuficientes no son una anomalía del sistema, parecen ser el destino actual de ese derrame invertido”.
De acuerdo con los datos presentados, entre el cuarto trimestre de 2023 y el de 2025, el saldo neto de nuevos empleos es prácticamente nulo (-18.764), aunque esta aparente estabilidad oculta “una metamorfosis profunda”: se han perdido 253.543 puestos de trabajo formales y se han creado 288.765 cuentapropistas de baja calificación.
El total de empleos netos generados en este periodo es exclusivo del “autoempleo”. Por cada diez nuevos empleos, siete son cuentapropistas precarios, mientras que los otros tres son monotributistas. Esto significa que la creación de empleo en estos últimos dos años se ha centrado completamente en modalidades de trabajo independiente, la mayoría de ellas desprovistas de protección social y con ingresos reducidos.
En el transcurso de los últimos nueve años, la proporción de asalariados formales en la fuerza laboral ha disminuido del 50% al 46%, una cifra que marca un mínimo histórico según el informe. Esta baja de cuatro puntos porcentuales es reflejo de un cambio estructural, ya que ese mismo porcentaje es el que ha ganado el cuentapropismo de baja calificación.
Este segmento del mercado se encuentra en el centro del análisis del Instituto Gino Germani, donde los cuentapropistas de baja calificación representan 2,6 millones de trabajadores, “consolidándose como la categoría ocupacional de mayor crecimiento desde el cambio de gobierno en 2023”.
El informe también describe la composición de este grupo y las múltiples vulnerabilidades que enfrenta esta masa laboral de 2,6 millones de argentinos, cuyas condiciones laborales apenas les permiten subsistir.









