Su vida dio un giro en 2022, momento en que perdió su hogar debido a la imposibilidad de cubrir un alquiler de 850 euros mensuales con un salario de 1.100 euros. Desde ese entonces, ha experimentado diversas soluciones temporarias, llegando incluso a vivir en su automóvil durante seis meses. Actualmente, ha logrado encontrar un alojamiento un poco más estable, aunque todavía no está en la situación deseada. “Te organizás y te apañás”, reflexiona sobre una rutina que jamás pensó que tendría que enfrentar.
Begoña llegó a Mallorca en 2016 proveniente de Teruel, en búsqueda de mejores oportunidades. No obstante, seis años después, se encontró sin vivienda, ya que sus ingresos no eran suficientes para cubrir el alquiler.
Después del desalojo, pasó diez días en la casa de un amigo de su hijo, durmiendo sobre un colchón en el suelo. Posteriormente, se trasladó a Campos, donde tuvo que recorrer más de 100 kilómetros diarios para llegar a su trabajo, dejando el auto estacionado en una parada de colectivo.
También halló refugio temporal en una habitación que quedó en pie tras un incendio, pero esta solución fue efímera. Finalmente, se vio obligada a dormir durante aproximadamente seis meses en un Volkswagen New Beetle, donde el espacio era tan limitado que debía acomodarse con las piernas dobladas para poder descansar. “Al principio alquilé una autocaravana por 250 euros al mes”, recordó. Sin embargo, las complicaciones aumentaban cuando llovía, ya que el vehículo se inundaba. Al final, logró encontrar otra caravana donde instalarse con su hijo.
El alojamiento actual de Begoña tiene aproximadamente seis metros y medio de superficie y cuenta con calefacción para los meses fríos, pero carece de ducha. Por lo tanto, ha organizado su rutina en función del transporte público y las instalaciones del polideportivo de Son Hugo. “Mi día a día comienza levantándome a las 8 de la mañana y a las 8:22 ya estoy tomando el autobús hacia la Plaza España para trabajar”, relató. Ella desempeña tareas como controladora de la ORA en la zona de Calvià, con un contrato de fija discontinua desde hace cinco años. Al concluir su jornada, regresa a la caravana para cenar y descansar.
Además, debe continuar con su tratamiento diario para la diabetes. “Soy diabética, por lo que tengo que tomar mis pastillas y aplicarme insulina”, comentó. A pesar de haber encontrado un lugar para vivir, la falta de servicios básicos se convierte en un desafío diario.
Begoña y su hijo han intentado alquilar un lugar que puedan pagar, pero se han enfrentado a otro obstáculo: las exigencias de algunos propietarios al momento de alquilar. “Te dicen: ‘No, señora, fijos discontinuos no contratan’. El 90% de los caseros no se fían”, narró. Según su experiencia, muchos anuncios buscan exclusivamente a personas con empleos estables, como trabajadores públicos.
La situación laboral se ha convertido así en un impedimento para acceder a un alquiler, a pesar de que ambos necesitan un hogar y están dispuestos a pagarlo. Pese a las adversidades, Begoña trata de mantener una actitud positiva sobre su actualidad. “Dentro de lo que cabe, soy feliz”, afirmó.
En la actualidad, Begoña y su hijo viven en una caravana estacionada cerca del polideportivo de Son Hugo. Según sus dichos, al llegar al lugar en 2022 había alrededor de 20 vehículos; hoy estima que son más de 180 las personas que habitan ese asentamiento improvisado.
Entre quienes comparten el espacio, la solidaridad se vuelve crucial para sobrellevar las dificultades. “Aquí la mesa es comunitaria, lo que se deja se puede llevar”, explicó.
Sin embargo, también hay inquietud por el futuro del asentamiento, especialmente tras la divulgación de dos informes desfavorables, uno de bomberos y otro de sanidad.
Los residentes exigen alternativas habitacionales y servicios básicos, como acceso al agua y recolección de residuos. En cuanto a la electricidad, esta se obtiene de placas solares instaladas en las propias caravanas.
Begoña no aspira a permanecer allí indefinidamente. Su meta es encontrar una vivienda asequible y, al momento de jubilarse, regresar a la península. “Mi plan es, si alguna vez suena la campana, irme. Y cuando llegue mi edad de jubilación, irme a la península, a Andalucía”, concluyó.










