Un vehículo cuyo precio de origen es de US$16.000 puede terminar ofrecido en el mercado argentino cerca de los US$37.500. La diferencia no responde exclusivamente al margen del importador o del concesionario, sino a una serie de costos que se incorporan progresivamente durante el proceso de ingreso y comercialización.
El régimen destinado a vehículos híbridos y eléctricos permite importar determinadas unidades sin pagar el arancel extrazona del 35%. La ampliación del cupo durante los últimos años también permitió incrementar la cantidad y variedad de modelos disponibles en el mercado argentino.
Sin embargo, la eliminación de ese arancel no significa que el vehículo llegue al consumidor al mismo precio que tiene en su país de origen. Antes de comenzar la comercialización local se acumulan gastos de transporte, tasas, logística e impuestos que elevan el costo de la unidad.
Tomando como referencia un vehículo de US$16.000, el primer incremento corresponde al flete marítimo y el seguro, que actualmente pueden representar unos US$2.500. De esta manera, el valor asciende a aproximadamente US$18.500 antes de ingresar al país.
Una vez que la unidad llega al puerto argentino, se aplica una tasa estadística del 3%, que lleva el costo a unos US$19.055. A esa cifra se agregan aproximadamente US$1.000 correspondientes a gastos de logística portuaria y traslados internos, con lo que el valor llega a unos US$20.500.
Sobre ese monto se incorporan otros impuestos que representan aproximadamente un 10% adicional. Allí se incluyen Ingresos Brutos, el impuesto a las Ganancias o su anticipo, el impuesto a los Débitos y Créditos y tasas municipales. Con esos conceptos, el costo se ubica en torno a los US$22.550.
El siguiente componente es el IVA, con una alícuota del 21%. Una vez aplicado, el costo de la unidad llega aproximadamente a US$27.285.
A partir de ese punto comienza la etapa de comercialización. El importador debe establecer un margen que le permita afrontar los costos de funcionamiento de su actividad, entre ellos salarios, cargas sociales, impuestos, servicios, insumos y publicidad. Ese margen puede variar según la estrategia de cada marca.
En algunos casos, se puede optar por un margen cercano al 10% para ofrecer un precio más competitivo. Bajo ese esquema, el vehículo podría llegar al mercado por unos US$30.000. Con un margen del 20%, considerado más habitual, el valor ascendería aproximadamente a US$32.700.
A ese precio todavía debe sumarse el margen correspondiente al concesionario. Los puntos de venta funcionan de manera independiente de las marcas y tienen sus propios costos vinculados con la comercialización de los vehículos y la prestación de servicios oficiales.
Con un margen cercano al 15%, el precio final de la unidad podría ubicarse alrededor de los US$37.500.
La diferencia entre el valor de origen y el precio de venta final también explica por qué un mismo modelo puede encontrarse a distintos valores dentro del mercado argentino. Los concesionarios pueden aplicar descuentos, bonificaciones o incentivos de acuerdo con sus propias estrategias comerciales.
La evolución de los últimos dos años mostró, de esta manera, que los cambios tributarios y la ampliación del cupo para vehículos híbridos y eléctricos tuvieron impacto sobre la oferta disponible. Al mismo tiempo, el precio final continúa determinado por una combinación de costos e impuestos que se acumulan desde la salida del vehículo de su país de origen hasta su llegada al consumidor argentino.










