Conocida cariñosamente como “Rebe” por quienes la rodean, Fideleff ha desempeñado una variedad de roles en su vida. Trabajó en la cosecha de frutos rojos, plantó árboles de pino, se desempeñó como radioperadora de la Brigada de Incendios y, en más de una ocasión, ocupó un cargo como concejal, primero a través de un partido vecinal y luego representando al Partido Justicialista. Desde el año 2008, su labor ha estado centrada en el Registro Civil de Epuyén, donde se desempeña como empleada administrativa.
Sin embargo, la vida de Rebeca cambió drásticamente cuando comenzó a lidiar con una enfermedad devastadora: el cáncer, que surgió en su colon y comenzó a extenderse a otros órganos. A lo largo de su lucha, Fideleff ha soportado 36 ciclos de quimioterapia y ha sido sometida a cuatro cirugías. En la última de ellas, el 31 de marzo de este año, enfrentó una experiencia que ella califica como la más desafiante de su vida desde que comenzó su batalla contra la enfermedad.
“Me enfrenté al famoso ‘me abrieron y me cerraron’ –dice Fideleff de manera irónica, pero manteniendo una sonrisa sincera durante una conversación a través de una plataforma digital–. Después de tanta espera, uno se da cuenta de que la cirugía no salió como esperaba, ya que al despertar de la anestesia me di cuenta de que no tenía sonda ni drenaje. Después de cinco años de lucha, por primera vez el cáncer me demostró que a veces las cosas no resultan. Me recuperé bien de las cirugías anteriores, pero esta metástasis fue diferente. Ahora convivo con este tumor en mi cuerpo.”
A pesar de sus dificultades, Fideleff refleja una dualidad entre la esperanza y la cruda realidad de su situación. Es consciente de que sus metástasis son incurables, aunque los médicos le han asegurado que existen tratamientos disponibles y que pronto iniciará uno nuevo. “El cáncer se está volviendo cada vez más agresivo. No me rendiré, pero veo a otros pacientes en etapas más avanzadas que yo y no la pasan bien. Todo este sufrimiento me ha llevado a pensar en la eutanasia y en el derecho humano a partir en paz”, compartió.
Fideleff ha construido una comunidad considerable en las redes sociales, con miles de seguidores en su página de Facebook “Rebe y su mundo oncológico”, donde narra su proceso y ha comenzado a abordar el tema de la eutanasia. “Estas publicaciones han recibido mucha atención –recuerda con gratitud–. En abril pasado, inicié una petición para la legalización de la eutanasia en Argentina a través de una plataforma que ha recogido más de 28.000 firmas hasta el momento.”
En la petición, se puede leer: “Mi lucha es para que, cuando el dolor invada mi cuerpo, no tenga que sufrir hasta el final. Deseo poder decidir (…) y por eso abogo por la legalización de la eutanasia en la República Argentina. Actualmente, en nuestro país, quienes padecemos enfermedades terminales estamos obligados a prolongar el sufrimiento, sin tener la opción de elegir un final digno y sin dolor. La eutanasia es un derecho humano que ha sido reconocido en varios países del mundo como una solución compasiva para los pacientes terminales.”
La legislación que propone Fideleff requiere que se regulen los procedimientos médicos y deja claro que no obliga a nadie a tomar tal decisión. “Solo ofrece una opción a aquellos que, después de mucho sufrimiento, consideran poner fin a una agonía que ya no tiene solución”, argumentó en su conversación.
Rebeca admite que nunca pensó que se convertiría en la representante de un tema tan delicado, pero urgente. Su trayectoria en estos años le ha permitido conectar con otros pacientes oncológicos y conocer de cerca ante qué realidad se enfrentan. En Argentina, la ley 26.742 permite limitar tratamientos y aceptar directrices anticipadas sobre cómo actuar en caso de enfermedades, pero no autoriza ni legaliza la acción de causar la muerte de manera directa.
Recuerda el sufrimiento de su expareja, el padre de sus hijos, quien falleció rápidamente por un cáncer de hígado fulminante. “Lo vi sufrir durante 45 días. ¿Cuántos días debe durar una agonía? Mientras yo iniciaba mi primera quimioterapia, vislumbré un posible futuro para mí. Ahora me pregunto: ¿cómo seré en seis meses, en un año? Me hago muchas preguntas porque somos conscientes de que el cáncer es progresivo y hay que controlarlo, pero llega un punto en el que los médicos dicen: ya no hay más opciones.”
Su enfermedad comenzó en 2021, en plena pandemia. Su hijo mayor, Nazareno, sufría de queratocono bilateral y requería con urgencia un trasplante de córnea. En medio de esta situación familiar, Fideleff minimizó sus propios síntomas y centró sus esfuerzos en garantizar la cirugía para su hijo, que ahora ve perfectamente. Sin embargo, ella había estado lidiando con dificultades intestinales que inicialmente fueron tratadas con laxantes y enemas.
Todo cambió un día cuando un dolor insuperable la llevó al límite. Ya estaba recibiendo morfina cuando la trasladaron a Esquel para una cirugía de emergencia, donde le extirparon todo el colon, que tenía varios tumores. Se le realizó una ileostomía, conectando el extremo del intestino delgado a un estoma en su abdomen, permitiendo que su cuerpo continuara desechando residuos. “Llevé una bolsa de ileostomía casi un año. No fue un proceso fácil. Luego reconectaron mi duodeno al recto. Todo esto ha requerido una complicada adaptación. Pero finalmentelogré aceptar la situación y pude vivirlo desde una perspectiva diferente”, recordó.
Después de esa intervención, realizó seis ciclos más de quimioterapia, disfrutando de un periodo de tranquilidad hasta que aparecieron las primeras metástasis en el peritoneo y el músculo psoas. Posteriormente, se le administraron 12 ciclos adicionales de quimio y 18 ciclos de terapia dirigida, un tratamiento especial que se aplica directamente al tumor por vía intravenosa. A pesar de que sufrió efectos adversos, como erupciones cutáneas y anemia, en total, un año y medio después, las metástasis desaparecieron.
Sin embargo, en 2025 el cáncer regresó, esta vez como un tumor en el hígado que tuvo que ser extirpado quirúrgicamente. “Quedé bajo vigilancia oncológica –explica Fideleff–. En enero de este año, detectaron una nueva metástasis, una lesión pancreática que compromete parte de la arteria hepática y que no se pudo extraer en la cirugía de marzo. Las imágenes recientes mostraron además dos nuevas lesiones: una en la ingle y otra en la pelvis.”
“Por supuesto que lloro, no soy una máquina –confiesa Rebeca, asegurando que su cobertura es a través del Instituto de Seguridad y Seguros del Chubut–. He llorado mucho con cada metástasis y después de la última cirugía. Sin embargo, estar triste no cambia la situación. Mi oncóloga, Milagros Passera, me ha propuesto un nuevo tratamiento que combinará tres medicamentos distintos para reducir el tumor. Serán quimioterapia continua durante 48 horas. Sé que será un tratamiento difícil, y también consultaré a una dermatóloga para minimizar las complicaciones en la piel.”
En la actualidad, Rebeca enfrenta un molesto dolor de espalda, probablemente por la presión del tumor, y siente una opresión en la zona inferior del esternón, además de náuseas constantes. A pesar de ello, mantiene su rutina de nadar y aguarda con ansias el verano para disfrutar del río Epuyén, que se encuentra a solo 200 metros de su casa.
Sus hijos la apoyan en cada decisión que toma, y la compañía de sus dos perros, Minú y Papini, también representa un gran consuelo en este largo proceso. Fideleff, en contraste con otros pacientes de cáncer, no siente incomodidad al hablar sobre la “lucha” contra la enfermedad.
“No lo percibo como una guerra, pero cada metástasis surge como un combate que mi cuerpo debe enfrentar contra esos tumores que no vienen a jugar ni son solo un reto. Vienen por mí –explica–. Durante estos cinco años, he pasado de ser alguien que no sabía nada sobre el cáncer a darme cuenta de que soy una activista por mi enfermedad y una defensora de derechos. Ya he logrado que antes los tratamientos hicieran desaparecer los tumores. La esperanza siempre está presente. No me incomoda que me llamen guerrera, pero sí me molesta cuando dicen que ‘perdió la batalla contra el cáncer’, porque cuando un paciente tiene metástasis no puede vencer al cáncer. Actualmente, me siento en paz.”
Rebeca es consciente de que las peticiones realizadas en la plataforma Change no tienen valor legal, pero sí poseen una importancia simbólica. Responsables de la misma le han explicado que si se recolecta una cantidad considerable de firmas, es posible hacer un pedido simbólico a un legislador.
“Desde hace tiempo he seguido al diputado Esteban Paulón, que representa a Provincias Unidas, y vi que en mayo de este año presentó un proyecto de ley relacionado con la eutanasia. Como ciudadana, estoy a favor de esta iniciativa. Me gustaría conocerlo personalmente, ya que él es quien está impulsando una legislación que podría cambiar mi vida, o al menos la forma en la que me despido de este mundo”, concluyó.










