Curat considera que lo que está sucediendo en el sistema financiero no es solo una coincidencia, sino que tiene causas subyacentes. “El programa monetario, vigente desde julio de 2025, es de control de agregados con tasa endógena. Es decir, la tasa de interés no la determina el BCRA, sino el mercado según las necesidades diarias de liquidez. La experiencia internacional demuestra que cuando la tasa se vuelve endógena, se activan dinámicas que afectan negativamente el crédito y la estabilidad financiera al transferir la volatilidad de tasas al balance de los bancos”, advierte.
Al preguntarle por los motivos de su preocupación, explica que al no poder prever el costo de fondeo futuro, los bancos incorporan una prima por riesgo de liquidez en su costo financiero, lo que les lleva a reducir tanto el volumen como el plazo de los préstamos. Sin embargo, esos mayores intereses no se traducen en mayores ganancias, debido a que el margen financiero disminuye por las pérdidas generadas por créditos morosos e incobrables.
“Sí, efectivamente es lo que estamos observando. El aumento de las tasas de interés y las mayores pérdidas por impagos afecta tanto la oferta como la demanda de crédito para empresas y familias. No es casual que el crédito al sector privado en pesos haya caído un 10% en términos reales en los últimos tres meses, mientras que hace un año crecía más del 50% de forma real anual”, añade Curat.
Consultado sobre la reacción de los bancos ante esta situación, Curat responde que se están protegiendo. Con un nivel de rentabilidad real prácticamente nulo desde 2025, su enfoque ha pasado de la “expansión” a la “supervivencia”, lo que ha llevado a un endurecimiento procíclico de los estándares de crédito. Según Curat, cada nuevo impago afecta gravemente el balance, aumentando la prudencia en la concesión de préstamos.
Los motivos de esta precaución radican en que han llegado a un punto donde las provisiones —el ratio sobre la cartera irregular ha caído del 159% al 94%— han consumido más del 75% de los resultados netos. Cualquier nuevo peso en morosidad afecta directamente su balance, lo que deja un margen casi inexistente para asumir errores de gestión o nuevos impagos. Como resultado, los bancos ahora se centran en generar ingresos comisionables y en reducir costos operativos, en un intento de compensar el deterioro en su negocio de intermediación financiera.
“Es decir, se vuelven menos útiles para la economía. Es paradójico, porque esta administración les pedía que regresaran a su rol de bancos…” Se aferra Curat, quien concluye que el sistema, al priorizar su solvencia, se convierte en un actor menos eficaz para facilitar el crédito a la economía real.







